Austria

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Austria: Viena

El viaje a Viena es realmente corto desde Bratislava, un poco más de una hora. En un bus pequeño pero seguro y bien acondicionado y de buen servicio. Cabe destacar que el precio era alrededor de 7,50 (siete euros con cincuenta centavos) pero al subir al bus te cobran por valija despachada (los precios varían entre 50 centavos a 1 euro con cincuenta por valija despachada).

Llegamos a las cercanías del centro de Viena, en la estación donde nos dejaba el bus. Hacemos nuestro primer paneo visual de la ciudad, y nos dirigimos hasta la zona de Landstrasse donde nos encontrábamos con Martin, nuestro nuevo Couch. Resulta ser un chico muy amable y predispuesto pero también nos resulta a nosotros muy complicado comprender su ingles ya que estaba muy influenciado por el acento alemán (que resultaba además imposible para nosotros). Martin nos indica cómo llegar a su casa ya que debía seguir trabajando y quedamos en vernos por la noche.

Logramos seguir sin inconvenientes las indicaciones de nuestro anfitrión. Ayudados también por las calles bien señalizadas de la ciudad, por lo que llegamos en buen tiempo a Simmering, donde se encuentra su departamento. Antes de tomar el tranvía (en conexión previa con el metro) para ir a su casa decidimos comprar la tarjeta para viajar por 5 días, por lo cual podíamos utilizar de forma ilimitada buses, tranvía y subtes por los días pagados y terminaba siendo muy rendidora y de esa manera optimizar mejor el tiempo y poder recorrer largos recorridos dentro de la ciudad. Sobretodo siendo esta ciudad bastante fría, al igual que las anteriores visitadas.

Si bien el frio era el mismo que al que ya nos veníamos acostumbrando, aquí en Viena empezamos a despedirnos definitivamente de la nieve, que desde Bratislava, solo aparecería a lo sumo en su estado de agua-nieve y por escaso tiempo.

Sin tiempo para descansar llegados a casa de Martin, solo atinamos acomodar nuestras cosas y salir nuevamente para aprovechar la luz de día y el buen clima; ya que había sol y nuestro anfitrión nos aconsejaba aprovecharlo ya que desde el pronóstico auguraban frio y nubes para toda la semana.

Así que salimos con dirección al Palacio Schönbrunn. Tomamos el subte con dirección a la parada que lleva su nombre y allí era cuestión de preguntar a donde caminar. Al comienzo al preguntar por el “castle” (fue la primera palabra que se me ocurrió en aquel momento en vez de “palace”) la gente no sabia indicarnos adonde ir, lo cual me sorprendía porque si bien no se trataba de un castillo sino de un palacio, se me ocurría que seria lógico que siendo turista estaba buscando el único lugar turístico en esa zona jeje. Hasta que finalmente a una persona le digo con mi mal ingles que quería ir “al castillo, a la construcción grande que es turística”, y al decir la palabra “turística” doy en la tecla y aquella persona logra entender adonde quiero ir exclamando “ahhhhhhhhh quieres ir al palacio!”, indicándome que debía seguir derecho una cuadra y luego doblar a la izquierda. Saco allí la conclusión de que tengo que ser más preciso con las palabras porque lo que para mí es “obvio”, para otro puede no serlo (y viceversa).

Para llegar al palacio uno puede hacerlo cruzando el Schoenbrunner Schloss Park (un parque público), que es bastante grande y donde uno puede descansar del bullicio de la gran ciudad. Tiene un zoológico en su interior y largos caminos que conducen al castillo, acompañados de diferentes tipos de árboles que le dan (sobre todo en verano y primavera) una linda vista. Si bien en este caso todo está seco por la época, se puede comprender con solo caminar que se trata de un importante lugar para las personas de Viena que intentan conectarse más, por poco que parezca, con la naturaleza. Lindos monumentos se entremezclan con el camino y muchas personas utilizan este espacio para realizar deportes. Con respecto al palacio, fue  la residencia de verano que utilizaba la familia imperial.

La noche se hace presente y por ser invierno al parque lo cierran más temprano. Por la noche nuestro anfitrión nos hace pasear a estilo “walking tour” por el centro de la ciudad mostrándonos las calles más lindas, los edificios más destacados y algo que suele sobresalir de este tipo de ciudades a mi gusto: la ciudad iluminada en la noche. No es un gran paseo en cuanto al desplazamiento, ya que el frio nos afectaba tanto a nosotros como a Martin. Volvemos entonces a su casa a ver por televisión Chelsea vs Manchester City, acompañando el partido con un par de cervezas.

Al siguiente día y por la mañana aprovechamos para recorrer nuevamente el camino realizado con Martin pero más despacio aprovechando para vislumbrar cada cuadra y cada esquina. Caminamos por Ringstrasse, que es la calle principal de la ciudad y por donde se llega a los edificios más destacados e importantes de Viena. Pasamos entonces por la biblioteca nacional, por el palacio de Hofburg, el parlamento de Austria y la hermosa plaza que enfrenta a los museos de Historia y el de historia Natural.  Decidimos entrar al museo de historia natural, que cuenta con esqueletos de dinosaurios, mamuts encontrados en la nieve y mantenidos en excelentes condiciones, una inmensa colección de animales disecados, muchos de ellos ya extintos, además de las exposiciones temporales. Resulta ser un destacado paseo y un gran museo para conocer. La única desventaja es que no todos los objetos tienen traducción ni siquiera al inglés (o solo tienen su nombre y una muy breve descripción al ingles) entonces en muchos casos solo nos quedaba deducir o contentarnos con memorizar o anotar en el móvil el nombre de lo que nos llamaba la atención para buscarlos por Internet utilizando una red de wifi que en algunas partes del museo podía ser utilizada (red wi fi externa al museo). La entrada era de 10 euros pero logramos que nos hagan el descuento para estudiantes con nuestra tarjeta ISIC.

Por su parte el palacio de los Hofburg es un gran complejo arquitectónico, realmente impresionante y al que se puede apreciar durante horas; pero que decidimos no entrar ya que al no manejar muy bien los idiomas consideramos que no íbamos a poder sacar el jugo a la información brindada en la guía; sin embargo logramos colarnos a uno de los edificios laterales desde donde podemos apreciar un poco de la biblioteca nacional, que realmente destaca en su exterior por su arquitectura y en su interior por la tecnología tanto para el ingreso y salida como para la petición de material bibliográfico.

Luego, buscando un baño donde no tuviéramos que pagar (nos habían dicho que en la biblioteca había uno externo que nunca encontramos), terminamos entrando a una parte del castillo, que en este caso se estaba preparando para una ceremonia (pareciera ser de gala por la exuberancia en la ornamentación) y como iba a haber un espectáculo de baile, siendo los bailarines jóvenes y vestidos más o menos como nosotros, pasamos al edificio como “juan por su casa” sin que nos dijeran nada. Aprovechamos entonces para pasear por palacio, recorrer sus pisos, entrar a sus salas y finalmente encontrar uno de los baños más sofisticados de todo el viaje, sin gastar un centavo y nada más ni nada menos que en un palacio. Nos llama la atención que en una ciudad con tanta tecnología y seguridad hayamos pasado desapercibidos al entrar y sobre todo tratándose de un palacio; pero también me da a pensar que tiene que ver con algún aspecto cultural, y talvez no sea de peligro que esas puertas hayan estado sin custodia.

Luego de caminar y caminar finalmente nos acercamos hasta una pista de patinaje sobre hielo que tenía muy buena pinta. Se me ocurre que podía ser mi primera vez en el patinaje sobre hielo, y la entrada a la pista era a solo 7 euros para todo el día. Si bien ya eran las 5 de la tarde y a lo sumo estaría dos horas o un poco más adentro, me parecía buen precio y tiempo para ser mi primera vez. Pero a mi suerte antes de pagar la entrada leo bien las indicaciones y la entrada a la pista era solo ese precio; si quería alquilar los patines debía pagar 15 euros más sumados otros 15 euros por los patines (que serían reembolsados al devolver los patines en el mismo estado que me los dieron). Las ganas de patinar se esfuman y ya no me parecía tan interesante jeje (sin embargo me reprochaba no haber patinado en Bratislava donde el precio era de 7 euros también pero incluidos los patines, aunque es cierto que esta pista era sumamente mejor que la que vimos en la capital eslovaca). Paseamos por la famosa Opera de Viena, aunque en esos días lamentablemente no había ninguna obra para disfrutar, y tomamos un café en un pequeño bar cercano a la misma.

Finalmente volvemos a casa de Martin para disfrutar de una cena con nuestro anfitrión y descansar para aprovechar con pilas nuestro ultimo día en la ciudad.

Aquel sábado nos levantamos pasadas las 8 de la mañana (hora habitual para arrancar), y luego de desayunar nos dirigimos (luego de cruzar un poco la ciudad) hasta el museo de Freud, guiados por mi profesión (la psicología) y mi gusto por la teoría elaborada por este personaje. El museo no termina colmando las expectativas, aunque a mi favor termina siendo uno de los pocos museos con audio guía incluida en el ticket (6 euros) y en español. El museo se emplaza en la casa donde Freud vivió la mayor parte de su vida en Viena y además de las paredes y algunas habitaciones con sus originales pisos de madera, cuenta con un sombrero y bastón del viejo Sigmund, su biblioteca y algunas estatuillas arqueológicas que formaban parte de su colección, no mucho más (su famoso diván se encuentra en el museo de Londres, ciudad donde murió). Al salir de allí nos dirigimos hacia el palacio Beldevere, ubicado en las cercanías al centro de la ciudad, al que apreciamos durante media hora aproximadamente paseando por sus jardines. Terminado dicho paseo dedicamos aproximadamente una hora para recorrer la cripta imperial de los Capuchinos donde guardan las sepulturas de los miembros de la nobleza desde el año 1633, entre ellas las de 12 emperadores y 18 emperatrices. Destacan en las criptas los “féretros de la Cripta de los Capuchinos son verdaderas obras de arte que muestran el poder de los personajes que descansan en su interior. Resulta especialmente sobrecogedor ver el gran número de minúsculos féretros en los que descansan los niños que sufrieron muertes prematuras.” (Último párrafo extraído del foro “disfruta Viena””. La entrada nos termina saliendo cuatro euros con el descuento para estudiantes.

Finalmente nos dirigimos a nuestras últimas dos visitas de esta ciudad, en primer lugar al barrio de Hundertwasserhaus, un complejo de aspecto muy original, llamativo y pintoresco, y por cierto muy bonito, donde aprovecho para comprar en una de las tiendas un “imán” de la ciudad para mi heladera (nevera). Sim embargo también se trata de un lugar para recorrerlo en muy poco tiempo (a menos que dediques tu tiempo y dinero para pasar el rato en alguno de los bares de por allí). Caminamos por las afueras de este complejo residencial para apreciar la otra parte menos conocida de la ciudad. Luego nos dirigimos a Prater, y la situación es la misma (la recorremos en poco tiempo) ya que el parque de diversiones (Prater, que es el más antiguo del mundo) tiene en esta época y en aquel día la mayoría de sus juegos sin funcionamiento, por lo que no es posible disfrutar en pleno su visita. Aunque con solo ver los detalles y los motivos de los mismos se puede apreciar que se trata de un complejo que ha logrado mantenerse a lo largo del tiempo a pesar de los nuevos parques y juegos que fueron apareciendo.

Antes de regresar a casa de Martin, en Simmering, nos desviamos un poco de la ruta para visitar el cementerio donde se encuentra la tumba de Mozart, siendo llamativo el cementerio en sí mismo, ya que es pequeño y da la apariencia de estar abandonado. Decidimos no quedarnos mucho tiempo ya que quedaba poco tiempo de luz y parecía un poco tenebroso al anochecer. Las tumbas estaban cubiertas de moho y lo desnivelado del terreno le daba un aspecto todavía más de película. Con respecto a la tumba, está casi al final y sobresale porque es la única reluciente de limpia, y con flores y velas (a diferencia de las demás tumbas), aunque información mediante sabemos que si bien se cree que el cuerpo de Mozart esta en este cementerio, no está precisamente debajo de la que es en su homenaje “su tumba” (pareciera ser que lo enterraron en ese mismo cementerio pero en una fosa común).

Luego de un largo y cansador día volvemos a Simmering, para descansar y acomodar nuestras cosas. Al siguiente día para las 12 del mediodía debíamos estar en la parada de “eurolines” para tomar nuestro bus a Praga (tickets pagados a 20 euros comprados con dos días de antelación).