Inglaterra

Aerial view of  London

Inglaterra: Londres en sólo dos días

El año pasado en agosto, camino a Rusia, paramos dos días en Londres para cumplir el sueño de Cris que era subirse a la famosa rueda “London Eyes”.

Planificamos todo y llegaríamos en distintos horarios y distintos vuelos a Londres. Primero arribarían, Cristina y María y yo sería la última, habíamos previsto todo. Llegarímos al Aeropuerto de Heathrow y desde allí podíamos tomar un tren hasta la estación de Paddington y nuestro hotel estaba a dos cuadras de esa estación llevábamos nuestros planos y no habría dificultad.

Sólo que siempre hay inconvenientes incluso en viajeros muy experimentados, cuando estábamos por aterrizar le pregunto a mi compañera de viajes, española, si la estación de trenes de Heathrow queda muy lejos de la salida. Y ella me dice que estoy en un error ya que el vuelo en que vamos no llega a Heathrow, sino a un aeropuerto que queda en el otro extremo de la ciudad, que es un aeropuerto pequeño que se llama London City.

Le pregunto si hay modo de irse en transporte público al centro de la ciudad y me dice que es poco probable, ya que llegamos en hora punta 6 de la tarde, y si me fuera en metro necesitaría hacer tres combinaciones, y cargando una maleta pesada sería imposible. Por eso me allano a la idea de tener que pagar un taxi, que finalmente costó 60 libras esterlinas, unos 77 euros.

Felizmente había cambiado un poco de dinero en Madrid, ya que en el aeropuerto de London City no había casa de cambios o si la había yo no la vi.

Mi compañera de viaje me adelantó que los taxistas en Londres eran honrados y me cobrarían la tarifa que marcara el taxímetro y que si quería podía dejar una propina. El taxímetro marcó 52 libras y yo muy dignamente le dije en español, -“quédese con el cambio”. El me miró y me dijo “Thank you milady”, valió la propina para ser llamada de milady.

La verdad fue buena idea la del taxi, ya que me trajo por distintos barrios londinenses, donde había muchos pubs, con trabajadores que salían de sus trabajos y estaban allí en feliz happy hour, pasamos por el  Museo de Madame Tusseaud y por un barrio financiero muy bonito. El taxista era británico y en todo el viaje que fue de 54 minutos, no habló una palabra.

Justo al llegar al hotel encontré a María y Cris que iban a esperarme a la estación como habíamos quedado.

Esa noche para festejar el reencuentro fuimos a cenar a un clásico pub con cerveza Guinnes y una comida internacional que no tenía pérdida y que tampoco estaba tan cara.

Al día siguiente teníamos todo el día para recorrer Londres hasta las 5 de la tarde que era la hora en que iríamos al ojo de Londres. Decidimos tomar un City Tour que partía de la estación y recorría el centro de Londres, podíamos bajarnos cuando quisiéramos y volver a subir, anduvimos paseando por los lugares emblemáticos de Londres, atiborrada de turistas, cámara en mano igual que nosotras.

Nos bajamos en el Palacio de Buckingham, entramos a la tienda del Palacio, pero estaba todo tan extremadamente caro que no compramos nada. Estuvimos tomando fotos en los alrededores y nos volvimos a subir al bus turístico, decidimos almorzar cerca del hotel, pero aparentemente el bus hizo otro recorrido y cuando nos dimos cuenta estábamos de nuevo en el centro. Buscamos un sitio que tuviera wi fi y baño, dos necesidades para nosotros urgentes. Yo debía contactar con una colega chilena que me iba a ir a visitar al hotel, pero fue imposible la conexión.

Salimos cuando el cielo amenazaba lluvia, y tomamos el bus turístico en dirección al ojo de Londres había una fila kilométrica, pero nosotros habíamos comprado los tickets por Internet y nos ahorramos la fila, entramos a los carros de la rueda justo cuando empezó a llover. Entre 15 y 20 personas caben por cabina, y hacen breves paradas para que cuando uno quede en la parte más alta pueda tener una excelente vista de Londres en 360 grados.

Aunque la vuelta dura unos cuarenta minutos, el tiempo pasó volando. Cuando salimos había solo una lluvia fina así es que aprovechamos de caminar hasta el Puente de Londres, y luego de una larga espera, apareció el bus turístico que nos trajo de vuelta al hotel.

Al poco rato apareció mi colega y fuimos a cenar cerca del hotel. Al día siguiente nos levantamos temprano, ya que nuestro vuelo a San Petersburgo despegaba a las 10:30, felizmente el tren eléctrico que nos lleva a Heathrow, demora apenas unos 20 minutos en llegar y así pudimos hacer el cheking sin prisas y vitrinear en el gigantesco Dutty free.

 

María Eugenia Vargas