Italia

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Italia: Costa Amalfitana: Salerno, Sorrento, Ravello y Amalfi

Duermo todo el camino hasta llegar a Salerno. Llego ya de noche. Busco mi hostel perdiendome en un par de calles hasta encontrarlo (teniendo en cuenta que hay solo dos hostels y la gente los ubica. Pues todos me daban indicaciones diferentes hacia donde dirigirme).

El hostel está sin mucha ocupación, y la mayoría son personas de otras partes de Italia y algunas personas del norte de Africa que estan en busca de trabajo o trabajando. Sólo un chico de Bélgica comparte estancia conmigo también en condición de viajero.

Camino por la noche buscando algo para comer aunque está todo cerrado. FInalmente encuentro una pequeña pizzería que vendía por porción y a buen precio (1 euro la porcion). Con dos porciones me doy por satisfecho y vuelvo al hostel a intentar dormir (si bien me dan frasada y duermo bastante abrigado, al tratarse este albergue de una vieja escuela, sus altas paredes y grandes espacios hacen que se haga dificil encontrar calor. No había calfacción en las habitaciones.). Por la mañana me levanto temprano y voy hasta el supermercado a comprar algunas galletas, vuelvo a la habitación del hostel a calentar agua y tomar un té para el desayuno. Luego me aprendo a buscar un mapa que por suerte me lo dan en la recepción del hostel y salgo a caminar por las calles de Salerno. La camino de punta a punta, me meto en cada una de sus callecitas hasta llegar a una ruta que pasa por la parte mas alta de la misma. Allí logro una buena vista de la ciudad, luego termino en un jardín botánico que termina siendo histórico y reconocido por sus terrazas.

Admiro unos acueductos y construcciones medievales y luego llego a la parte mas comercial de la ciudad. Encuentro un centro de información turística y la chica me da a entender que en Salerno mas allá de un día de recorrido no hay mucho para ver, recomendándome en todo momento otros pueblos y lugares para conocer. Obvio hay museos, pero a esta altura del viaje estoy sin ánimos de ir a alguno (no aquí por lo menos). Por la tarde vuelvo al hostel y mientras comparto un vino con un señor de Marruecos (con el que no intercambio ninguna palabra mas que un brindis porque el no habla ingles ni italiano) pienso en concurrir a un encuentro de couchsurfing en la ciudad, organizado por una pareja de allí mismo. Charlo con mi compañero de habitación, un chico de Belgica que me cuenta que Italia es el país que mas le gusta y donde siempre va de vacaciones cuando tiene oportunidad de tomarse unos dias. Decidimos ir juntos al encuentro, y usamos el mapa de google para encontrar el bar. Al ser día de semana y temporada baja la concurrencia es casi nula siendo solo 4 personas en la “juntada”, pero eso no impide compartir alguna cerveza y conversar buen rato. Luego caminamos por el centro de Salerno y sus calles principales y finalmente volvemos al hostel.

Al día siguiente me levanto temprano y salgo en busca del bus que me lleva hasta Amalfi, y desde allí tomo otro bus que me lleva hasta Ravello, un hermoso pueblo que queda en la ladera de la costa amalfitana y desde donde se puede apreciar toda la famosa costa. Es un lugar muy bonito pero muy pequeño, que se lo puede recorrer en menos de una hora, para luego disfrutar de su tranquilidad en uno de sus bares. Retorno hacia Amalfi donde disfruto de su vista y sus pocos turistas por 3 horas, aprovechando para almorzar (un poco mas caro que en otros lugares por ser un sitio turistico), probar el lemonchelo y sorprenderme por la cantidad de pequeñas maquetas y “pesebres” que aparecen a lo largo de su calle principal. Es seguramente el sitio que mas disfruto de la costa amalfitana. Finalmente y antes de regresar a Salerno me recuesto en el muelle aprovechando la presencia todavía del sol para aprovechar su calor mientras aprecio la bella vista que regala esta costa.

Regresado en el hostel, vuelvo a por esas porciones de pizza y descanso temprano ya que al día siguiente debía partir hacia Sorrento donde me iba a quedar una noche.

Viajo en bus en un trayecto super tranquilo y bastante rápido. El bus me deja en la estación del circunvesubiano, el tren que bordea al Vesubio y que conecta las ciudades de Sorrento con Nápoles, siendo el tren que tomaría al día siguiente para ir a Nápoles.

Mi hostel no se encontraba en Sorrento propiamente dicho sino en S. Agnello, un pueblo a 20 cuadras de distancia. Decido caminar hasta allí disfrutando de sus tranquilas calles y bonita ciudad. Llegado a S. Agnello busco mi hostel, el cual queda en una calle para nada transitada, de hecho acompañada a lo largo de un paredón y ni una casa, siendo el camino en subida, llegando bastante cansado a destino y viendo que se va a hacer dificil que vuelva pasada las 7 de la tarde, porque si bien esta zona es tranquila, la oscuridad que invita a imaginarse que brindará, obliga a tomar ciertos recaudos. Espero 20 minutos hasta que la encargada del hostel regresa de hacer unos trámites para hacer el check in (algo típico en Italia, el tiempo que se toma la gente antes de dar el servicio).

Sorpresa ser el UNICO huesped del hostel, y siendo que la encargada no vive ni se queda allí, quedando las instalaciones totalmente a mi disposición, algo que en otro momento sería de gran agrado, mas no en este momento estando solo y sin nadie con quien compartir ni conversar. Aprovecho el día entonces para volver hasta Sorrento y conocer esta ciudad, que desde el primer momento me da la sensación de que es la ciudad en la que tendría que haber hecho base para conocer la costa, ya que es bastante mas pintoresca y al ser temporada baja tiene el punto justo de turistas que permite apreciarla pero también interactuar con personas de otros lugares. Camino por sus calles principales, llego hasta el acantilado desde donde se baja por una escalera hasta el puerto, solo quedandome unos minutos por la fuerza del viento (y frio) que me obligan luego a refugiarme en un bar a beber un café. Luego me pierdo en sus laberintos de calles donde llego hasta lo que considero la parte principal de la ciudad, poblada de tiendas de souvenirs y donde se vende sobre todo el lemonchelo.

Antes de regresar a mi soledad en el hostel paso por una heladería para degustar por segunda vez un helado de pistacho, siendo de lo mas rico que probé en Italia; aunque si de helado en general se trata, por mas famoso que sea el italiano, debo decir que un buen helado argentino no tiene nada que envidiarle (opinion personal logicamente).

Para la cena me preparo unos fideos con salsa, mientras aprovecho el wifi y mi pequeño celular para ver uno que otro video. Me acuesto a dormir con una sensación de nostalgia estando tan lejos y sobre todo solo. Asi tambien pienso que la costa amalfitana es una zona especial y muy bonita pero para compartirla con otras personas o ir en temporada alta donde uno pueda encontrarse y compartir con otras personas. De hecho es la sensación que me queda del sur de Italia en general.

Al día siguiente arranco temprano. Desayuno y devuelvo las llaves a la encargada, que otra vez se toma su tiempo para venir a buscarlas. Me dirijo hasta el circunvesubiano para dirigirme a mi último destino, la ciudad de Nápoles.

En la estación me advierten que tenga cuidado con las valijas porque llegando a la gran ciudad el tren comienza a llenarse y suelen aprovechar esto los “bambini” para llevarse una que otra maleta.

Maxi