Portugal

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Portugal: De Évora a Lisboa y un poco de ambas

Por la mañana hicimos la visita a la Catedral, con costo de entrada y se puede visitar el templo – donde se puede apreciar una imagen de la Virgen embarazada que no es muy usual – y subir a lo que sería una terraza en la parte superior con muy buena panorámica de la ciudad.
También se pueden visitar los claustros del convento a un costado pero se debe pagar aparte.-

A unas pocas cuadras, a un costado de la Iglesia de San Francisco ( que estaba en reparaciones) está la “capela dos ossos” que nada tiene que ver con los animales de ese nombre sino con huesos, restos humanos, con que está “decorada” íntegramente, paredes, columnas, altar…. todo. Una rareza, de no muy buen gusto en mi opinión, pero que se apoya de la idea religiosa de la fragilidad y temporalidad de esta vida pasajera frente a la inmortalidad de la que vendrá. De todas maneras para ingresar al recinto hay que pagar (2 o 3 euros) y para fotografiar la fragilidad hay que pagar otro tanto.- Atrás de la Iglesia funciona un mercado público (cerrado también) y más atrás un prolijo parque Municipal.-

Al medio día salimos para Lisboa (130 kms), como siempre el GPS fue un gran auxiliar para la entrada en esta populosa y un poco caótica ciudad, particularmente en el centro – ahí estaba nuestro hotel – adonde no es muy fácil ingresar con el auto. Después de varias vueltas y de soportar insultos variados en diferentes idiomas, dejamos el auto en una calle semi-peatonal, a una cuadra del hotel, bajamos el equipaje, las mujeres se quedaron y los hombres fuimos a buscar un lugar adonde dejar el auto. Finalmente – a esta altura ya casi entendíamos los insultos – el gps nos llevó a un parking subterráneo como a 20 cuadras del hotel al que, tras dejar el coche a buen resguardo, llegamos en taxi.-

El Hotel Duas Nacoes, merece un trato por separado, pero si algo tiene de bueno, eso es su ubicación privilegiada en el céntrico barrio La Baixa a media cuadra de la Rua Augusta, la principal calle peatonal de Lisboa que termina en la magnífica Plaza de Comercio a orillas del rio Tajo, a unas pocas cuadras.-

Igualmente permite un rápido acceso al Castello San Jorge, al que fuimos esa misma tarde y al que se llega tomando un ascensor a la parte alta de la ciudad y, después, caminando (aunque también se puede ir en taxi o aprovechar para hacer un viaje en el tranvía 28, un clásico de la ciudad).- Es una fortificación iniciada por los musulmanes con garitas, torres, patios y en una posición dominante sobre la colina más alta del centro histórico que permite desde sus murallas una de las más bellas vistas de la ciudad y del río.-

Luego fuimos bajando lentamente por antiguas, intrincadas y concurridas calles a la parte baja de la ciudad, pasando por la Iglesia y mirador de Santa Luzía, también con hermosas vistas panorámicas del barrio de Alfama y, más abajo todavía, la Catedral, que lamentablemente estaba cerrada.-

Abusando de nuestra ubicación céntrica, no podíamos terminar el día sin degustar el famoso pastel de nata (o natillas) que se vende en cualquiera de las numerosas pastelerías de la zona.- Es rico, nada extraordinario, pero para probar con uno está bien.-

Antonio