Portugal

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Portugal: De Sevilla a Évora con corta estadía en Lagos

El itinerario de hoy comprendía la salida de Sevilla, a las 9 hs. con destino a Évora, en Portugal y un recorrido de 520 kms.-

El ingreso a Portugal por el sur fue algo complicado en la Frontera no por controles aduaneros ni nada de eso – que no los hay – sino por la estación de peaje que no sabíamos cómo pasar ya que son casillas automáticas si nadie que las atienda. Finalmente, tras varias idas y vueltas, entendimos que había que poner una tarjeta de crédito que quedaba vinculada en lo sucesivo para todos los peajes (hay que pasar por las entradas que tienen un tilde verde) en los que hay un lector que lo debita automáticamente de la tarjeta sin tener siquiera que detenerse.-

Nuestra primera parada fue en la ciudad de Faro, capital de la Región de Algarve – que no dice mucho – y luego en Lagos, a 274 kms de Sevilla.- Lagos es una ciudad turística de – dicen – unos 30.000 habitantes con costa sobre el Mediterráneo que tiene una importante infraestructura veraniega, playas y algunos lugares bellísimos como las grutas de Punta Piedade donde el agua y el viento han dado caprichosas formas a la costa y que en algunos lugares se pueden visitar con la baja marea, paseo que se puede hacer embarcado, incluso desde Faro.-

De Lagos a Évora, Capital del distrito de Évora, Región de Alentejo de aproximados 50.000 habitantes, hay 250 kms. de muy buenas carreteras, autovías y autopistas así que se llega en unas cuantas horas.

El hotel Santa Clara de la cadena Best Western está en una pequeña callecita a la que se accede por otra tan angosta como ésta, en la que para dar la vuelta hay que ir con paciencia, guía externa, que se prolongó en la puerta del hotel ya que de los dos (2) únicos lugares de estacionamiento en la misma calle encontramos uno libre.

Breve descanso y salida el centro de la ciudad, a pocas cuadras de su plaza principal donde los seguidores del Sporting de Lisboa festejaban una victoria futbolera, pasaje por la Catedral, cerrada a esa hora, por el templo griego de Diana y punto panorámico de la ciudad y recorrido por sus pequeñas y laberínticas calles con un grato encuentro con Luis, vecino de la ciudad y su amable esposa brasilera, a quienes no conocíamos y sin embargo nos regalaron un trato de lo más amistoso y cordial, indicándonos lugares para cenar y para conocer.-

Cenar tuvo sus inconvenientes porque ya era un poco tarde y en el Bar Piparosa, donde finalmente lo hicimos, no tuvimos la mejor de las bienvenidas, pero, en fin, inconvenientes del viajero que se superan con buena voluntad.-

Antonio