Portugal

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Portugal: Día completo para conocer Lisboa

Durante la mañana visitamos el “Monasterio de Los Jerónimos”, fundado en 1501 que es también muy interesante y merece ser conocido: su portada principal, el claustro y particularmente el hermosísimo templo.- Todo entre una inmensa cantidad de turistas.- Desde allí, tras cruzar una gran plaza y un túnel debajo de las calles, se llega a otra plaza y ya en la margen del Tajo se encuentra el monumento a los Descubridores, homenaje a los varios navegantes y conquistadores que tuvieron los portugueses a lo largo de su historia, destacándose la conquista de América, por supuesto.

Siguiendo la margen derecha del río a unos 2 o 3 kms. se llega a la Torre de Belem, también de principios del 1.500, en la desembocadura del Tajo,que sirvió originalmente de defensa en la entrada del río, tiene varias plantas y la curiosidad de que copia el sistema de defensa de los barcos ( cañones en la parte superior y una planta inferior con ventanas y cañoncitos más chicos) un sótano donde no entra una persona de pie que servía de prisión y acceso a las plantas superiores por una pequeñísima escalera caracol y un sistema de semáforos que regula el ascenso y descenso ya que escasamente permite el paso de una persona por vez.- Merece conocerse y se puede sacar una entrada combinada para la torre y Monasterio por 5 € .-

Regreso al centro en taxi, compra de unas bebidas y algo de comer en un super chino (que son como los gorriones: están en todos lados y parecen los mismos, pero son otros) y ya por la tarde visita obligatoria al Barrio Alto.- Se puede ir tomando el elevador de Santa Justa, que de por sí vale la pena conocer y a cuyo pié llegamos, pero como había muchísima gente ( entre ellos un grupo de escolares y una connacional de La Plata) nos decidimos por un taxi que, siendo nosotros 4, nos salía bastante más barato.-

El Barrio Alto es una zona turística tradicional que luce su esplendor en la tarde/noche con sus estrechas calles, adornadas con guirnaldas en la que a esa hora florecen mesitas y sillas de los tan numerosos como pintorescos pequeños bares y restaurantes cuyos dueños o personal van invitando amablemente a los paseantes a probar sus diversos platos.-

Cenamos en un bar céntrico y por pedir cosas que no conocíamos nos trajeron unos guisos de fideos (“masitas” ¿?) y otro de arroz que M&G no comieron, pero que nuestro reconocido espíritu “Piamontés” nos impidió derrochar.-

Antes de irnos a dormir, todavía hicimos una corta caminata hasta la cercana plaza de Comercio sin poder llegar al Tajo porque comenzó a hacer bastante

Antonio