Portugal

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Portugal: Fatima y Oporto

Por la mañana desde el Hotel llamaron un taxi y vino un utilitario Mercedes de buen tamaño en el que entramos bien nosotros y nuestra carga y nos trasladó al estacionamiento donde estaba el auto.-

Bueno, como “El hombre propone y Dios dispone”, metimos todo el equipaje a presión en la Kia y partimos rumbo a Fátima a 130 kms. Fátima es una pequeña ciudad cuyo centro de atracción es, obviamente, el Santuario de la Virgen.-

Se puede dejar el auto en cualquiera de las grandes playas de estacionamiento gratuitas. Ante nuestra pregunta sobre la seguridad – ya que íbamos cargados con todo nuestro equipaje – nos dieron la respuesta lógica: -“La Virgen nos protege”.- Venerable protección de la que G no pareció muy convencido de manera que se quedó momentáneamente al lado del auto.-

El Santuario tiene una inmensa explanada central en cuyo ingreso está el impresionante Templo circular con 9.000 asientos, muy moderno y a un costado, los sanitarios. Continuando a través de la plaza como fondo está la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y el conjunto de columnatas semicirculares que la abrazan.

El templo, lamentablemente estaba en refacción y cerrado (excepto un ingreso por la parte de atrás por el que se podía visitar la tumba de los pastorcitos – Francisco y Jacinta – del milagro).- A la izquierda diversas instalaciones como el centro de información, santería, la Capilla de las Apariciones ( que supuestamente marca el lugar donde estaba la encina de las apariciones de la Virgen en el año 1919) y “velario” ( no se si se llama así, pero describe bien lo que es) donde se puede prender y dejar una vela para la Virgen.- En todo momento pueden verse penitentes de todas los géneros y condiciones, mujeres hombres, jóvenes y viejos que pasan desplazándose de rodillas hasta llegar a la Capilla de las Apariciones.- A la derecha, se accede a la parte trasera de la Basílica y por un parque, un poco más lejos, se puede llegar hasta Valinhos, el lugar donde habría habido una aparición en el año 1917.-

195 km. nos separaban de Oporto, adonde llegamos siempre por carreteras perfectas ( y muy caras ¡!). Fuimos directo al céntrico Hotel San Gabriel, que tiene una cochera propia a un costado, de manera que esta vez no tuvimos que renegar para dejar el coche ni bajar el equipaje.-
Oporto es una bella e interesante ciudad que se extiende en ambas orillas del Duero que, por lo menos a mí, me gustó muchísimo y la recomiendo particularmente.-

Después de un breve descanso la buena ubicación del hotel nos posibilitó salir y llegar a la Plaza de la Libertad y su continuación la Avenida de los Aliados que constituye la unión de la ciudad moderna y la antigua, con su impresionante conjunto de edificios modernistas, bancos, bares y restaurantes.- Subiendo se llega al casco histórico de la ciudad comenzando por la Iglesia- que se puede visitar gratuitamente – y la hermosa Torre de los Clérigos, donde hay que pagar para subir.- Todo el barrio es muy lindo e interesante.

Nosotros continuamos por bajar hacia el río y apreciar la plataforma superior del Puente Don Luis I (que erróneamente se atribuye a Gustave Eiffel) y, desde allí – siempre caminando – a la Estación de Trenes San Bento, para contemplar los inmensos murales de cerámicas que reflejan escenas de diversos acontecimientos históricos y llegar luego a la Catedral (cerrada a esa hora) en la elevada de la ciudad con magnífica visión de la misma, no sin privarnos de comprar, en el camino, algunas botellitas de vino oporto, tanto como para probar.
Cena en el Restaurante de Muça, pintoresco bodegón lleno hasta el copete de turistas: sopa, plato principal (1 pescado – dorada – entero), bebidas (vino, cerveza o jugo) y café por € 5.-

Antonio