Republica Checa

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Republica Checa: Praga

El bus sale puntual a las 12.30 rumbo Praga.. El viaje es tranquilo y el servicio en el bus es bastante bueno. Si bien incluye wifi dentro del bus, muchas veces el mismo no funciona. Como en la mayoría de los buses tomados en este continente, a comenzar el viaje uno puede servirse café, té o capuchinos de un pequeño expendio al lado de la puerta de salida. En algunos casos hay bolsitas de café, azúcar y otras yerbas pero no hay agua, lo que me invita a tomar un par de sobresillos de “regalo” para utilizarlos como desayuno y en mi proximo destino. Llegamos a Praga promediando las 5 de la tarde, a sabiendas que a lo sumo en una hora ya habrà dado por finalizados sus servicios la “luz” del dia. No habiamos conseguido Couch, solo un par nos habian dicho que “tal vez” podían hospedarnos pero sin confirmarnos en la positiva o negativa. Durante el viaje intento averiguar dicha cuestion pero a veces el wifi brindado por el bus no me lo permite. Llegamos a Praga, y mientras damos oportunidad a que contesten, aprovechamos para buscar algun hostel cercano en caso de no conseguir huesped. Saliendo de la estacion de bus veo uno, que la verdad, no tiene buena pinta; habia leido en las criticas que era un antiguo colegio por lo que era grande pero a la vez frio y oscuro. Entro y paseo por el edificio y confirmo lo leido. El precio era de aprox. 10 euros por persona y por noche (sin desayuno incluido). Vuelvo a la terminal porque sabia que por allí cerca hay otro. Lo encuentro, estaba pegado, realmente al lado de la terminal. No recuerdo ahora su nombre pero este si tenia pinta de verdadero hostel, con todas las comodidades. El precio era de 13 euros, y en la comparación decido que este era el indicado. Vuelvo entonces a la estacion donde mi compañera me esperaba con nuestros bolsos y al encontrar un poco de wifi, te topo con la sorpresa de que un posible Couch me contestaba en positivo para poder hospedarnos. Quedamos en encontrarnos en la parada del metro en media hora (tiempo de sobra para llegar), aunque no vivia cerca del centro (vivia a una cuadra de la ultima estacion de la linea amarilla Zlicin). Compramos unos tickets de metro y nos dirigimos a su casa.

Nuestro Couch se llama Lavian, de 32 años, que es rumano y vive hace 4 meses en Praga; es programador de software y termina siendo uno de los mejores (tal vez el mejor) anfitrion a lo largo del viaje. Acepta hospedarnos aunque por trabajo nos comenta que se le iba a complicar para salir y recorrer la ciudad con nosotros. Entendemos que viajamos en época de trabajo por lo que no es un problema. Ese dia aprovechamos para descansar del frio, cocinamos algo y conversamos con nuestro Couch, amante de los juegos de Pc terminamos durante una hora jugando a un par de juegos.

Al siguiente dia arrancamos temprano, desayunamos y luego de desperezarnos atinamos a salir a recorrer las calles de Praga. A diferencia de otras ciudades llegamos a la conclusión de que aquí si valia la pena obtener la “Praga card” habiendome guiado de un cuadro comparativo de mi autoria donde contrastaba los precios en cuanto a museos y atractivos que tenia pensado ir. Pagamos la valida para dos dias completos; la cual incluia los tickets de transporte publico lo cual era muy conveniente por la distancia donde vivia nuestro Couch al casco antiguo de la ciudad. Destinamos ese primer dia solo a caminar y pasear por la ciudad, vamos a un pequeño bar a probar algo de comida local, acompañado de la infaltable cerveza checa y decidimos entrar al museo erotico (no tiene nada llamativo, mas que una pelicula de 1922. Se trata de un museo parasito como los muchos que hay en esta ciudad; que no hacen a la esencia o historia del pais sino que buscan una tematica llamativa, objetos de aquí y de alla, y montan un pequeño museo). Por la tarde aprovechamos del lindo clima para descansar en la vera del rio, con la vista al puente Carlos, al que iríamos el próximo día.

Antes de regresar a casa hacemos la visita obligada y de casi todos los días al supermercado para hacer compras necesarias, y en este caso para comprar lo necesario para amasar y preparar unos ñoquis para nuestro anfitrión.

Por la noche y luego de cenar compartimos unos chocolates también comprados en el supermercado. Asistimos a un film bastante interesante (Samsara, 2011) y apostamos una vez más al sueño.

El tercer día aprovechamos para dar inicio a los dos días de la Praga Card y organizamos nuestro itinerario a realizar. Llegamos entonces al puente Carlos, que de por si es bastante bonito y con espectaculares vistas. Leemos que las estatuas que se aprecian en realidad son replicas, y qué las originales se encuentran en un museo. El Puente de Carlos es el monumento más famoso de Praga y comunica la Ciudad Vieja, accedemos y caminamos por ella dejándonos deslumbrar por su arquitectura. Y es que realmente cambia el ambiente con solo cruzar el puente. Estamos en Mala Strana que es como se llama esta pequeña ciudad vieja. Paseamos por las pintorescas calles de esta ciudad hasta arribar al monte Petrin, que en estos momentos no tiene una significativa apariencia por ser invierno. Nos dirigimos al observatorio, con el que teníamos la entrada gratis por la PragaCard, pero el mismo se encontraba cerrado por mantenimiento. Subimos entonces a la torre Petrin, a la que también accedíamos gratis con la tarjeta y visualizamos desde lo alto la bella ciudad; bajamos del monte hasta la pequeña ciudad vieja nuevamente vía funicular, que aunque se trata de un dispositivo de transporte que no me llama mucho la atención, su inclusión gratuita en la tarjeta me invitan a la utilización del mismo.

Decidimos dejar el castillo para el siguiente día y nos dirigimos hacia la plaza de Wenceslao, rodeada de edificios en su mayoría hoteles, restaurantes y tiendas de moda. Vamos al Museo Nacional de Praga, al cual también accedíamos gratis con la tarjeta, tratándose de un importante edificio tanto por su contenido en su interior como la vista del mismo desde el exterior. En  este caso el viejo Museo se encuentra en refacción, y el nuevo, ubicado exactamente al costado del primero, también estaba cerrado!… No iba con nosotros la suerte en esta vuelta, pero la ciudad era realmente linda como para apaciguarse. Volvemos al ruedo y a pie y nos dirigimos hasta la torre del reloj astronómico  construido en 1490. Se encuentra en la misma ciudad vieja y accedemos hasta el mirador, incluido en nuestra tarjeta con un recorrido además por lo que era el antiguo ayuntamiento, y aunque la vista era bonita. El recorrido no colma demasiado las expectativas. Decidimos tomar un café en uno de los pintorescos bares que se encuentran en la ciudad vieja haciendo tiempo y descansar un poco de tanto caminar. Finalmente y luego de perdernos por las callejuelas que bordean a la plaza vieja nos dirigimos al cementerio judío ubicado justamente en el barrio judío. El recorrido es dentro del todo rápido aunque es interesante ver tumbas realmente bastante viejas (creado en 1439).

Mas adelante nos dirigimos hacia la torre de la pólvora que es una ennegrecida torre gótica localizada en la entrada de la Ciudad Vieja que en la actualidad compone uno de los símbolos más representativos de la ciudad. A mi gusto lo mas lindo de estos monumentos está en su exterior y en su inserción en la vida actual y con las otras arquitectura. Por dentro no hay mucho para ver y la vista si bien en bonita, no es mejor que otros miradores a los que se puede acceder en esta ciudad. Es decir, teniendo la Praga Card uno puede comparar todo esto, pero en el caso de no tenerla, talvez no es tan conveniente pagar su entrada, y contemplarla desde afuera o desgustando una bebida en algún cercano bar.

Finalmente antes de volver aprovechamos la inclusión de un tour gratuito en bus que recorre toda la ciudad. En este caso la duración es de un poco mas de una hora, y recorre la mayoría de los lugares ya recorridos por nosotros y a pie, aunque también incluye una audio guía en español y nos permitía disfrutar del camino con la comodidad de estar sentados, y resguardándonos del constante frio.

Finalmente nuestro último día dedicamos a recorrer el castillo de Praga construido en el siglo IX siendo el castillo más grande del mundo y el más importante de los monumentos de la República Checa. Alejado de la idea de castillo Medieval con aspecto fortificado, está compuesto por un conjunto de hermosos palacios y edificios conectados por pequeñas y pintorescas callejuelas. Lo llamativo es que hasta el día de hoy el presidente tiene su despacho en el mismísimo castillo.

Accedemos primero a la catedral de San Vito que  alberga la tumba de Wenceslao IV (El rey bueno), las Joyas de la Corona, y es el lugar de coronación de los reyes de Bohemia. El interior de esta catedral es bastante sencillo en comparación de lo impactante de su fachada exterior (algo que se va repitiendo a lo largo de las iglesias visitadas). Luego de la catedral caminamos por el antiguo palacio real, y un museo cercano con pinturas de artistas famosos; luego la Torre Daliborka y finalmente el callejón del oro que es una calle corta, estrecha y preciosa situada en el interior del Castillo de Praga y que debe su nombre a los orfebres que la habitaron en el siglo XVII. Esta calle es conocida porque en una de sus casas vivió Franz Kafka. A lo largo del callejón uno puede ingresar a las casas que están ornamentadas como en antiguas épocas, lo que permite, ayudados un poco con la imaginación, viajar durante un instante a siglos atrás y sentir la vida cotidiana como en aquellos días.

Convencido de que lo más lindo de esta ciudad estaba en sus calles, salimos del castillo para dar un ultimo recorrido por las calles de esta urbe, seguir probando sus dulces y cervezas y volver al caer la noche a casa de nuestro amigo Lavian, para compartir un nuevo filme y las buenas conversaciones, ya que al siguiente día partíamos rumbo al aeropuerto, con buen tiempo de antelación, para nuestro viaje a Paris.

Maxi