Suecia

Estocolmo1

Suecia: Estocolmo

El previaje empezó hace tiempo y acaba hoy con los últimos preparativos del viaje y terminando con los víveres. Que hasta quesada con queso he comido hoy, creyendo que era la especialidad inglesa que se come con el rollo de carne.

Todo empezó cuando Tora dijo que estábamos invitados a su casita de Suecia. Nos lo tomamos al pie de la letra y este verano aprovechando que la furgo nos va quedando pequeña para dormir los tres, recién pasada la ITV, para allá que nos vamos.

Contactamos con amigos: Emilie, Mirja, Rosa, Reimí, Jan, Yaelle, Elvira, Pajares, Jose, Billie que habían estado por alguno de los países que vamos a visitar o que viven por allí, para recibir consejos o invitaciones. También Lucía nos aconsejó sobre el paso a Suecia en coche. Luego hubo una labor de búsqueda de furgoperfectos y hoteles, más carreteras y peajes, además de gasolineras baratas. También le compramos a Marchenera unos aislantes para las ventanas. Hubo una coincidencia bonita, y es que Mónica (desde USA) estará el 21 de Junio en Estocolmo y quedaremos allí con ella. Hasta Pepa nos ha encargado una muñeca de Pippi, que a Romeo le gusta tanto.

8-6-15

Después de los asuntos médicos salimos. Romeo con alguna lágrima, que a la enfermera le había costado quitar los puntos. Hicimos el viaje en tres tramos, empezando la conducción por Carlos y alternándonos. En el primer cambio apenas paramos, que Romeo dormía y había que aprovechar el tirón. En el segundo cambio comimos en Monzón (Aragón) al lado de un colegio y Romeo pudo desfogarse un poquito en unos columpios. En Olot nos esperaban Hugo y Carla, los padres, David y Betty, llegaban de California un poquito más tarde y Jan de actividades, creo. Romeo jugó al futbolín, billar, pin-pon. Cenamos salmón, ensalada, gazpacho. Nos pusimos el día de vidas, viaje… todo en ambiente de casaza y nivel. Hasta con vino y nueces de California. En los superviajes que hacen una vez al año, viajan en aviones separados por si les ocurre algo como la Familia Real.

9-6-15

Romeo se despertó pensando en el billar y futbolín. Después desayunamos tranquilamente con Carla que tiene el cole a cinco minutos. Por el contrario de sus hermanos que lo tienen a una hora, pues van a un Montessori en Gerona. Después de hacer alguna compra nos fuimos a Perpiñán. Romeo iba ya cansado y pidiendo de todo: helados, bolas… pero más o menos pudimos ver la ciudad con callecitas recoletas de tiendas, boulangeries, bares y ventanucas de colores. Comimos a mitad de camino en el cementerio de un pueblo cercano a la carretera comarcal y continuamos a Montpellier por la costa, que también nos gustó con su gran plaza de la Comedia donde Romeo se montó en un precioso tiovivo y un monumento desde donde se veía la ubicación y había buen ambiente de jóvenes. Tejaditos y callecitas. En el mercado La Halle compramos vino y baguette para cenar a 10 km en la plaza de Carnon, al lado de columpios y servicios. Ideal.

10-6-15

Nada más levantarnos fuimos a la playa que Romeo desde el principio del viaje estaba deseando. Los niños empezaban a ir a cole y los bañistas a aparecer. Disfrutó en el agua, aunque ya me tuve que poner el jersey, tocando las boyas y luego en la arena cogiendo conchas. A mí me gustó ver la playa vacía, poco a poco salpicada por algún solitario y los chalets de primera línea “de su padre y de su madre”. Aunque no estaba previsto nos desviamos en Nimes y vimos la plaza de toros-anfiteatro romano y callecitas adyacentes recoletas de ventanitas de colores, restaurantes y tiendas bien puestas. En una de chocolates por tocar el escaparate Romeo, éste  empezó a sonar. En una plaza encontramos un chiringuito al lado de un parque donde tomar una baguette y cocacola tan ricamente. Se ven muchos árabes.

Al llegar a Avignon nos cayó una chupa de agua impresionante y tuvimos que esperar dentro del coche. Luego la misma tormenta nos pilló en un parque en lo alto de la ciudad y nos resguardamos en una casita de un parque infantil los tres hasta que amainó. La parte monumental la vimos así, entre lluvia, con chanclas y paraguas, muy solitaria de vida y empedrada. Fue allí donde probé el cruasán francés en una boulangerie. Luego todo seguido aTounon sur Rhone donde había un furgoperfecto al lado del río Rhódano que nos costó encontrar. De hecho vimos otra zona al otro lado del río que aunque no era parking de autocaravanas como tal, pintaba mejor vista con el río, una ermita, servicios. Fue en este paseo, cruzando el puente sobre el Rhódano, cuando Romeo nos preguntó “cómo se hacen los niños”. La conducción hasta aquí fue dura pero bonita (por la somnolencia y hambrienta) por pueblitos pintorescos entre montaña y río con casitas de ventanas de colores. Ensalada en un banco y a dormir.

11-5-15

Romeo pregunta si estamos de viaje o de vacaciones. Y también dice que Omar y Leo estarán preguntando por él y que no está con sus amigos en vacaciones. Amanecimos por mis ganas de hacer pis antes de que Romeo completara su sueño. Recogido todo pasamos por el puente precioso del pueblo en cuyo final había un hotelito con cuadros en las paredes muy bonito. Directos a Lyon para aprovechar la estancia en el Hotel y yo como siempre me duermo que me entra mucha somnolencia en este tipo de viajes a pesar de que Romeo quería todo el rato que jugara a Omar y Romeo (los muñecos de cartón que se ha traído). El hotel “Marriot” está en una zona de congresos y hoteles todo a lo largo del parque “Teta d´oro”, por cuyo paseo cercano a este dormimos ayer a Romeo antes de subir a la habitación. Carlos nos condujo por un recorrido por ciudad vieja y nueva, que ya ha estado aquí unas cuantas veces. Autobús hasta el centro y caminamos por calles empedradas, tejaditos de Mary Poppins, pasadizos que no pudimos atravesar, restaurantes típicos (bouchons) y muchas tiendas deliciosamente decoradas de seda, jabones, varios, golosinas (¡3,54 por tres gominolas!). Un parque para Romeo donde yo me deleitaba con los movimientos y conversaciones de los niñitos franceses. Llegamos a la sala vips justo para el “dinner” que aunque poca cosa, típicas (caracoles) y repitiendo y repitiendo nos inflamos. Además era una delicia al lado del río. Romeo quiere continuamente jugar a Romeo y Omar (muñecos de cartón), escuchar el cd de cuentos, Teresa Rabal, pintar en el cuento pizarra y que lo adivinemos, lanzar su flecha con el arco… Le gusta también crear inventos.

12-6-15

Desde por la noche estaba pensando en ir a correr y eso hice a las 8:00, me levanté, les dejé en la habitación y me fui a correr por el camino paralelo al parque. Luego el desayuno pantagruélico en la Brasserie fuera que se estaba mejor que dentro con el aire acondicionado. Probé quesos con mini baguette. De camino a Dijon paramos a comer en un parque que Romeo eligió con río de nenúfares y todo. La carretera provincial nos estaba llevando por viñedos, pueblos de cuento total con sus granjas, sus rulos de paja, sus iglesias, tractores, ventanitas de colores, pizzerías a gogó, boulangeries, vacas marrones y negras y blancas, venta de productos locales como cerezas, albaricoques… Dijon nos encantó por sus casitas, sus tejados a lo Mary Poppins, iglesias, mercado que prometía aunque lo pillamos cerrado… tiendas a tutiplén de la famosa mostaza, una fuente con chorros donde Romeo se hubiera mojado pero que por no conocer las normas del lugar lo dejamos, y una tienda de juguetes donde Romeo vio el amor de su vida: “una pistola de dardos”. Un precioso carrillón y algún tejado a “lo iglesia de Viena”  también. Continuamos hasta Anmeville donde había un furgoperfecto y dormimos pronto, antes a cenar en un área de descanso cuando la lluvia nos dejó, oficina de turismo, servicios portátiles y muchas autocaravanas. De noche nos despertó la tremenda trompa de agua.

13-6-15

En la oficina nos informaron de que el pueblo donde estábamos tenía poco que ver, que si acaso Metz merecía la pena, pero lo cambiamos por un Auchan donde compramos algunos víveres. Eso sí, actividades de todo tipo: zoo, piscina…, tenían un montón por allí. Pasamos a Alemania casi sin darnos cuenta, únicamente por los carteles amarillos y por las carreteras ya casi todas autovías sin peaje ni límites de velocidad. Llegamos a Heidelberg con el tiempo de disfrutar del hotel con todas las comodidades: sala vips, piscina… Y de dar un paseo por la ciudad que nos encantó por las casas de colores con vigas vistas, las torres e iglesias, el castillo, la calle peatonal tan animada de heladerías y tiendas. Con Romeo dormido en el carro nos volvimos por la orilla del río al hotel a cenar y dar un baño que Romeo lo súper disfrutó. Luego a dormir tardísimo, 23:30.

Romeo ha visto una estatua en Hanover de una cabeza con pies y ha dicho que es como los dibujos que él hace, sin tripa. Es consciente de ello.

14-6-15

Disfruté de mi baño en la piscina antes de desayunar en la terraza del Lounge bar que nos pusimos moraos mientas el sol empezaba a calentar y los barcos pasaban por el río. A las 11 quedamos con Mirja que estaba por aquí ahora, en casa de sus padres, mientras Chema trabajaba en Omán. Nos llevó a Lorsch, a un precioso parque donde ella se crio. Ideal para niños con un montón de juegos infantiles únicos y originales, de arena, agua, toboganes… Sin embargo Leonardo prefería los árboles para escalar, Olivia a su madre y Romeo el artilugio del agua. Como a las 12:30 pensamos en plan de comer y entre las opciones de Mirja elegimos ir al centro del pueblo, con la suerte de que nos encontramos una fiesta popular en torno a la iglesia con salchichas, cakes, zumo de manzana, cerveza y un baúl de juegos de circo que Romeo aprovechó al máximo. Luego un helado en la plaza preciosísima con edificios de vigas vistas muy cuidado y antiguo. También nos enseñó el monasterio por lo que era famosa la ciudad. Continuamos trayecto hasta Marburgo que nos lo había recomendado Mirja. Precioso, universitario, donde estudiaron los hermanos Grimm. De hecho había una rana del cuento encima de una fuente y se supone que más cosas de los cuentos pero no lo encontramos. Las casas eran preciosas, de vigas vistas, de balcones floridos y barrocos, tejaditos en punta… Y luego el ambiente de tranquilidad, de tomar helado, cervezas, cafés… Kilometrada hasta Hannover en la que Romeo se durmió y nosotros acabamos cenando vino con chips en el coche planificando nuestras siguientes rutas. Nos equivocamos de furgoperfecto y aparcamos en uno más alejado, eso sí al lado del parque donde se veía a todos correr. Hay otro más cerca con columpios.

15-6-15

Una semana ya. Nos sorprendió el frío de repente. Hannover no nos sorprendió o quizás íbamos buscando un sitio para desayunar y no lo apreciamos. Me confundí en el café y me pusieron un tanque con leche. Había alguna iglesia, una sin tejado que le explicamos a Romeo el porqué. El siguiente sitio fue Newmuster para comer, echar gasolina y comprar. Nos tuvimos que conformar con un fastfood con bagel y el ansiado zumo para Romeo. Por lo demás la ciudad no tenía demasiado, con muchas casas unifamiliares de las que muestran las ventanas como si fueran escaparates, una tienda donde Romeo vio su ansiada pistola de ventosas, otra donde le compramos una botella, vida tranquila, calles peatonales… Seguimos por la autopista entrando ya en Dinamarca y llegamos aNyborg, al borde del mar donde cenamos en una mesa de cara al puente y la playa con barbacoa incorporada. Idílico si no fuera por el frío que hacía. Luego encontramos el furgoperfecto cerca donde sí se podía pernoctar con columpios, bar, servicios, mesas de picnic.

16-6-15

Mucha gente desde temprano llegando al lugar y nosotros recogiendo todo, cama y demás. Hacía un frío de muerte, pero aún así nos hicimos el café fuera. Nyborg con su puerto y calle comercial la vimos en un periquete para continuar hacia Helsinborg donde cogeríamos el ferry de 20 minu que nos llevaba ya a Suecia. Romeo tan contento. La llegada con la banderita, el puerto y las casitas fue bonita. Allí comimos en un parque con muchos recursos para Romeo, al estilo de los de aquí y hasta una escuelita nos pareció. Continuamos hasta Jankoping que nos gustó por la tranquilidad que se respiraba, la iglesia puntiaguda de rigor, las tiendas tan de diseño, los colores de las casas con sus ventanitas sin cortinas… Y después el camino hasta Vadstena, precioso, precioso de casitas de árboles, casi todos de madera en rojo granate, con su porche, su jardín, de cuento, bonito-bonito hasta llegar a la casa de Tora y Des que ponía “Es aquí” y nos pusimos tan contentos. Dara ya dormía, pero Romeo estaba feliz.

17-6-15

Amaneció soleado pero luego se fue empeorando el día y pasé muchísimo frío. Menos mal que el desayuno al menos pudimos hacerlo en el extenso jardín al sol. La casa es preciosa, la típica casa de campo sueca de madera, con el servicio fuera y vistas al lago Vasttern y una pradera enorme donde tienen cama elástica, columpios, margaritas… y “nuestra casita” que construyeron entre Des y el abuelo con cuadros de cuentos, también de madera en rojo. El interior con muebles de los años 40 en la cocina, precioso, con ventanita que comunica con el salón, un baúl donde hubo cosas de Tora de pequeña, como una espada, un banco precioso en la entrada, la chimenea con una útil puerta, un cuadro del padre vestido de vaquero… El cuchillo especial para la mantequilla, los zapatos fuera… Por la mañana fuimos al camping de al lado pues tienen comprado el mes para usar las duchas y hay múltiples columpios donde los niños disfrutan en grande en una cama elástica, con los patos, en el minigolf. El paisaje al lado del enorme lago era precioso. Comimos dentro de casa y aunque llovía por la tarde fuimos a Vadstena para ver el Castillo y una calle peatonal. La fosa del Castillo era el puerto. Decir que Romeo y Dara desde que se vieron no pararon de jugar, de estar juntos, el frío y la lluvia para ellos no impedía nada. “¿Eres un pirata?” “Yo soy tu amigo y te doy las cosas, ¿vale?” Para cenar una rica barbacoa de filete de cerdo que preparó Des con patatas gratinadas, vino, sobremesa y a la cama después del perezoso pis en el wáter que lo quema todo.

18-6-15

Dara y Romeo en sus respectivas cabañas son los despertares de cada familia. El día amaneció sin lluvia y yo aproveché para correr a lo largo del camping-lago hacia el pueblo. Una delicia. Luego el desayuno en el porche con frío. Por la mañana fuimos a una reserva natural cercana con lago y circuito para niños donde se lo pasaron de maravilla. Después a ver una ruina y luego la idea fue ir a una granja a comer, pero estaba cerrado por la fiesta del medio verano. Acabamos comiendo súper tarde pollo de barbacoa y casi enlazamos con los preparativos de la cena, que fuimos Carlos y yo en bici a Vadstena a comprar en bici viendo casitas y la famosa flor azul de aquí. El supermercado gigante con muchas cosas medio preparadas y mucha comida internacional. Hicimos paella “sin azafrán” y fue todo un éxito, con vinito de caja de grifo como tienen aquí. Tora me ha dicho que pintan de rojo las casas por un tinte que sacan de las minas. Que las casas de veraneo aquí están hechas a la mínima expresión. Hay un dulce famoso que se llama Daim.

19-6-15

Hoy era la fiesta sueca del Midsummer (medioverano) y teníamos comida en casa del primo en Mantorp (orp significa casita) y luego fiesta tradicional en Veta, en una granja vieja, donde también se celebran fiestas. Nos turnamos todos para hacer algo de ejercicio menos Des que lo hacía por la tarde. Después el desayuno cada uno a un tiempo. El camping estaba lleno ya y el suelo plagado de babosas (“españolas” las llaman) por esquivar. La casa del primo preciosa, de madera parecía, con porche para comer al exterior y una cocina sin puertas comunicada con el sillón. Radiador sobre la mesa y serpentinas de la bandera sueca. Comida típica:

Patatas frescas cocidas recién cogidas, arenques varios, aguardiente y fresas: esto era lo obligado de la fiesta. Luego había albóndigas, ensalada, pepino, quiche de queso (espectacular), cervezas, vino y para terminar una tarta de merengue y fresas con nata. A los niños peli con golosinas. Romeo hinchado por su “tema” apenas pudo disfrutar de todos los juguetes y posibilidades que había. Luego sí, en la fiesta tradicional, con la pesca del juguete que le tocó accesorios piratas y con las golosinas que le dieron tras el baile. Además hubo baile tradicional cubierto por la lluvia, con trajes tradicionales, azadas, rastrillos y lo típico del campesinado sueco. De vuelta a la casita de nuevo las espectaculares vistas de casitas tradicionales suecas rojas en campo verde chillón tras la lluvia con el sol que parecía querer salir. Por eso Carlos, Des y Tora aprovecharon para darse un baño en el lago. Para la basura hay bolsas especiales, no se pone cualquiera.

Des usa unas zapatillas especiales para correr sin amortiguadores.

Nos vino muy bien el turrón español para la comida del Medio Verano en casa de los primos.

20-6-15

Esperábamos un día con sol, pero no fue así, así es que decidimos ir a Linkoping en nuestro coche, que Des se quedaba. Han reconstruido una zona con casitas y tiendas típicas y por allí estuvimos a pesar de que por la fecha había mucho cerrado, pero los niños disfrutaban metiéndose en carromatos, cañones, descubriendo “tesoros” por una ruta de la Naturaleza y finalmente en unos columpios con tirolina. Para terminar y comer nos tomamos un gofre en un café idílico de jardincito donde también vendían telas de lino, material que abunda en la zona. Después a casa para preparar barbacoa, que la tarde prometía. Hicimos compra con Tora que así nos pudo mostrar productos suecos y luego cada uno a lo suyo. Des a nadar en el lago (que se está preparando para una prueba de correr y nadar). Dara con el lego, Tora a caminar y nosotros al camping a los columpios con Romeo por última vez y a la ducha. Luego la cena en el porche con sol espectacular: carne, nuestro pixto, snap, ensalada de patata y un queso con bacon también a la barbacoa. Los niños jugando divertidos al columpio, con los hoolahops, haciendo inventos… y hablando mucho entre ellos que daba gusto verlos con el sol encima que nunca se llegaba a ocultar aunque eran casi las diez y la hora de la cama se acercaba. Como siempre nosotros a la cabaña, Dara a su cama-circo y Des y Tora a ver el partido de mujeres en el ordenador, tiempo de relax.

21-6-15

El último desayuno en el césped con sol estuvo bien y luego la despedida algo triste, pero por otro lado contentos de tener ya cada familia nuestro espacio y tiempo. Un último paseo a ducharme viendo el lago, las autocaravanas, el paisaje verde con casitas rojas… Y de nuevo en el coche el verde y rojo hasta llegar a Estocolmo, aunque a ratos era sólo verde y me recordaba al espacio canadiense. En un área de servicio paramos a mitad de camino y todo me gustaba: los regalices, los souvenirs de cocina, los cuentos…

En Estocolmo nos encontramos con Mónica, Daniela y Mateo como habíamos acordado hace meses en la Plaza de la Zona Medieval o vieja Stortoget a las 14:30, que todos llegamos con media hora de retraso. Nos supo a gloria comernos el sándwich en los escalones del Museo del Nobel y luego un helado de capricho. En un paseo atropellado entre juegos de la gallinita ciega y buscar el callejón mágico, tiendas y turisteo, el venga que perdemos el avión… nos contamos la vida y el viaje.

Imagen: tres suecos en una plataforma en el mar tirados al sol con botellas de cerveza al lado, que no sabíamos cómo habían pasado hasta que descubrimos una cinta negra.

Luego paseamos los tres un poco más por la ciudad recordando el mar helado de cuando estuvimos hace años. Romeo encontró una moneda en una alcantarilla y la quería coger a toda costa, pero era imposible, así es que estuvo con la cantinela de la moneda todo el día y nosotros mirando el suelo. El Palacio Real me recordó mucho al de Madrid. Las tiendas de souvenirs eran deliciosas y a Romeo se le antojaba todo. Volvimos al coche para continuar la vuelta, que hacíamos de nuevo el mismo recorrido para llegar a Vimmerby, el pueblo de Pippi, donde dormiríamos en el parking del Parque. Hasta allí verde y de nuevo mis casas, que me chifla, me encantaría hacer una en España. De vez en cuando molinos nuevos y antiguos, vacas, caballos, aviones suspendidos…

Como dice Carlos hicimos una españolada, que aparcamos en el parking pero no pagamos las 150 coronas, pues cuando empezaban a limpiarlo nos fuimos.

22-6-15

“¿Nos levantamos?”, “ya es de día”, son las dos frases con las que empieza Romeo el día, ya sea en la Marchenera o en un hotel. Y hoy especialmente estaba deseando entrar en “el pueblo de Pippi”. Pero como todavía era pronto nos fuimos al pueblo verdadero a dar un paseo, no sin antes hacernos un café en el camping gas y usar los servicios del supermercado, que en este viaje hemos descubierto son nuestros mayores proveedores: baño, aparcamiento… La placita del pueblo con el ayuntamiento y una estatua de Astrid Lindgren (luego la veíamos en miniatura en el “parque de atracciones”). Todo bajo la lluvia, que estuvo así todo el día entre sol y lluvia. El mundo de Astrid se trataba de una suerte de parque de atracciones, pero sin atracciones, salvo algún que otro columpio de madera y entretenimiento ídem con escenarios y espectáculos sobre los distintos libros y cuentos de la autora. A nosotros sólo nos entusiasmaba el de Pippi, que los demás no los conocíamos, pero ahora quiero hacerlo. Le rompí la magia a Romeo nada más empezar, que con la actuación de Pippi le veía tan boquiabierto y cómo preguntándose interiormente, que le dije que en realidad eran actores… y él no hacía más que preguntar que cómo se pueden disfrazar si son de carne y hueso. Hasta nos montamos en el barco pirata de Pippi, Romeo y yo para buscar con los piratas tesoros, aunque no entendíamos nada, porque era en sueco, y el papá de Pippi se dio cuenta. Sin embargo no quiso hacerse una foto con Pippi… En la casa dijo que no estaba la pistola ni el señor Nilson. Lo demás era Precioso. Luego hicimos un recorrido, que más tarde marcó en el mapa, pasando por tiendas varias donde se le antojaba de todo, columpios, reproducciones en miniatura de las típicas cosas suecas… La cárcel le dio miedo, una actuación de baile y canciones con los policías y la final del cumple de Pippi con Tomy y Anika donde empezó la lluvia torrencial y nos fuimos. Para comer sacamos nuestros sándwiches en las mesas de picnic mientas a nuestro lado en barbacoas los suecos se hacían salchichas. La casa de A. L. no la visitamos que era cara la entrada pero la vimos por fuera. La siguiente parada sería Kalmar y allí cenamos en un restaurante mitad griego: yo ensalada de gambas y Carlos salmón, Romeo espaguetis. Lo que pudimos rescatar de una prometida cena con sueño, lloviendo y algo tarde. La ciudad en sí solitaria, pero me encantó la franja de casitas al lado del puerto frente a la que dormimos. Para mí, lo mejor. Tejaditos, colores, madera… ventanitas, luces de “noche”.

Lorsdag: sábado. Es lo que ponía en las golosinas de Ikea. Por eso quizás Tora solo le da golosinas a Dara el sábado.

23-6-15

Pagar 1 euro por pis, cambio de ropa, limpieza de sobaco… en unos servicios de estación de autobús que cogían euros. Luego nos fuimos a Farkestaden en la isla de Oland, aunque como no tenía mucho que ver y la guía ponía algo de una calle de mercado en Algustrum, para allá que nos fuimos. Sin embargo por la lluvia no pudimos salir del coche y lo vimos todo a través de los cristales de Marchenera, que no era para tanto, y nada nos resaltó salvo el puente de 6km sobre el mar. Continuamos ruta a Ystad donde pasaríamos noche. Llegamos con tiempo de ver las tiendas animadas y con gente en la calle que últimamente llegamos a las ciudades apagadas, aunque sea ventajoso para el parking. Llegamos andando a la Stortorget que tienen todas las ciudades y a la Lille Target, placita adjunta que también tienen todas. Calle peatonal con tiendas y alguna casa antigua, iglesia al final, plaza con puesto de fruta donde no se podía pagar con tarjeta y callecitas adyacentes con cuadro bonito de casitas de colores. Para terminar un parque deseado por Romeo, aunque la incomodidad de la caca no le hizo disfrutar. Compra en el Koop y a cenar en el lugar donde dormiríamos: un parking al lado de playa (contaminada) y puerto con restaurantes, más logística para autocaravanas y demás que nos ahorramos de pagar haciendo otra españolada de nuevo por la mañana. El panorama es idílico: una mesita de picnic en la playa para cenar sopita caliente, fresas y chocolate sueco. Luego paseíto por el muelle viendo cómo la gente cenaba y se relajaba en los barcos. Al fondo un barcazo de crucero llegando. A nuestras espaldas la ciudad con el tren que iba pasando a cada rato.

24-6-15

Frío y lluvia. Se nos antojaba hacer un desayuno en Ikea antes de abandonar Suecia y así acabamos comiendo en el Ikea de Malmö. La ciudad la vimos bajo el frío y la intranquilidad de no haber puesto el ticket del parking bien, pero no nos llamó demasiado la atención. Una plaza, la placita adjunta de rigor y los caprichos de Romeo, ahora un catalejo de pirata, y jugar al minigolf. Lund tampoco nos sorprendió, con la Catedral, la plaza, un mapa que Romeo quería completar a toda costa, el mercado con tienda de quesos, chocolates…

En Ikea: comidita rica y barata, servicios cómodos, tienda con compras, juegos para Romeo, relax nosotros y yo me encuentro dinero! Atravesamos el cachito de Dinamarca (Copenhague- Rodby) con Romeo dormido y escuchando a Alex Ubago. En el ferry de Rodby a Puttgarden ocurrieron dos cosas inesperadas y mágicas: la primera fue la tremenda cola que tuvimos que esperar para subir al ferry: camiones, coches, autocaravanas, algo fuera de  lo visto por nosotros nunca. Al principio nos lo tomamos con calma, luego no sabíamos qué hacer: escribir, leer, fotos, comer… Romeo se despertó. Llovía-no llovía. Y la segunda fue que en el ferry papá Carlos se encontró con un amigo de hace 15 años de Oslo!! Fue lo que nos compensó la larga espera. Romeo se lo pasó en grande correteando contra el viento fuera del barco. Para dormir nos costó trabajo encontrar el furgoperfecto y acabamos cenando en la playa en un jardín de infancia rodeado de mosquitos y conejos y durmiendo en un aparcamiento con aventura incluida de conducir Carlos con nosotros en la cama, que no entendíamos el sistema de pago y entrada y tuvimos que salir cuando ya teníamos todo el chiringuito montado.

25-6-15

Me alegré enormemente de haber ido a correr que como éstos seguían dormidos cogí y me fui por un caminito que descubrí al borde de la playa con camping donde poder usar wc y todo. Recogimos y directos a Hamburgo que nos esperaba hotelazo invitados por un colega de Carlos (Tobías y Marisa). El paisaje alemán muy similar al escandinavo excepto por las casas, de ladrillo y generalmente blancas. Hamburgo nos ha parecido una ciudad caótica y con mucha vida prometedora. Con mucho acero, desordenada en calles, mezcla… liosa de caminar. Tres  escenas, nos impresionaron: una pareja haciendo una barbacoa en mitad de un parque, una vagabunda cuidadora de carros de vagabundos y la feria de Stuttgard en la plaza del Ayuntamiento con salchichas, codillos, bailes, pantalones tiroleses… Tobías y Marisa nos llevaron al Alstadt (centro) donde vimos el lago, río Elva, Ayuntamiento, nos tomamos un helado acompañados de la gente en plan veraniego sentados en los escalones, una cerveza en el Ayuntamiento donde Romeo aprendió a decir zumo de piña en inglés, chorro que recordó al del trabajo de papá… y luego ya solos fuimos al puerto. Laberinto de puentes, barcos, escaleras, rampas, edificios… A ratos llovía. Para cenar volvimos a la calle Deichtrasse con varios restaurantes y allí pedimos el famoso hamburg panfish, pescado empanado con patatas, en un restaurante muy agradable donde la viejecita camarera dio a Romeo un cuaderno para pintar y golosinas de postre, aparte de cubiertos propios y vaso de agua con pajita. Pasamos por una calle llena de restaurantes portugueses y españoles. El hotel genial con golosinas en recepción, piscina con jacuzzi muy bonita cambiante de color, con cafetería… desayuno con embutidos raros alemanes… bola del mundo, catarata con peces, jaula con loros… Cuando llegamos había una recepción de algo y se estaban poniendo morados. A Romeo le dieron dos paquetes de chuches. Por cierto que la hamburguesa viene de aquí y así también se llama a los de aquí, aunque a la comida (sin el pan) se la conoce como Fritandelle.

26-6-15

Hicimos piscina antes de desayunar y nos sentó de maravilla, aunque Romeo quería más jacuzzi, piscina, más de todo. El desayuno maravilloso: con mucho embutido alemán y los típicos “pastry daneses”. Yo además quería un café “like that” y repetí. Hasta Bremen lo llevó Carlos. Aparcamos cerca de un parque (donde Romeo hizo caca) y luego fuimos andando al centro que como en otras ciudades consistía en plaza central y calle de casas antiguas. Tranvías, edificios antiguos y el cuarteto famoso de músicos del cuento de los hermanos Grimm, que Romeo quería verles de verdad y también la casa con los ladrones, que en este viaje está descubriendo la diferencia entre realidad y ficción. Luego también reflexionando sobre ello en una tienda de muñecos de Pinocho de madera, donde se quedó prendado y le regalaron un globo. A las 15:00 un carrillón en un reloj lleno de campanitas con turistas mirando para arriba y otros cenando una especie de pan de pizza frito con bacon.

Munster. Lo llevé yo y Romeo se entretuvo con Carlos que le tradujo el cuento de Pippi, le cantó en gracioso canciones del disco africano, vio fotos… Lo primero ir al hotel y situarnos, que también tuvimos suerte con el Parking, cuando íbamos al centro, aunque con más trabajo que era casi todo reservado para vecinos. Catedral y calle antigua llena de restaurantes en apogeo y lo mejor la Feria con la que nos topamos, que nos encantó. Muchas atracciones, puestos de salchichas, cerveza, kebac, churros, palomitas, dulces, pizzas, longos, verduras, pescado… Los polis paseándose. Turcos entre alemanes. Juegos de suerte como los llamó Romeo y que se quedaba hipnotizado mirando, sobre todo en el de las escopetas. Acabamos en los coches de coche y en las currywrust con cerveza de medio litro, que rematamos con otra en el hotel. Ciudad no muy limpia y muchos alemanes con su medio litro en la mano. Mogollón de bicis, y de conejos…

27-6-15

Por la idea de ir a correr me estuve despertando varias veces, hasta que se hice de día y la materialicé. Luego me alegré mogollón: fui al Lidl y fue una experiencia prodigiosa, pues tenían cosas específicas de Alemania y cosas de “Iberia” que en España no las tienen: aceitunas, arroz, fabada… Decidimos no adentrarnos en Eindhoven y posponerlo para nuestro próximo viaje a Noruega en Marchenera. Tan sólo entramos un poco para que Romeo jugara en un parque. La otra mitad del viaje la hice yo. Llegamos a Rooselare a la hora prevista, que desde el tejado Leen nos estaba haciendo la cama, decía. Nos enseñaron la casa que compraron barata hace 11 años y le han reformado entera, chalet con jardín, precioso, con pared de pizarra imantada para poner dibujos de niños, bolas-luces en el Jardín, columpios… Nos hicieron una cena de cine: bienvenida con cervezas belgas y chips, aperitivo con gin tonic, barbacoa de vieras, calamar, carne, verduras, patatas, salchichas para los niños… con vino y hoguera al aire libre, para terminar una velada muy especial.

28-6-15

Pasaríamos el domingo los ocho de excursión en Ostende, un sitio de playa con unos restos visitables de la primera y segunda Guerra Mundial. Antes yo me di una carrerita por la zona de chalets, que no pude llegar al pueblo, dado el revoltijo de calles, por si me perdía, y el gran desayuno, dispuesto sobre la mesa. Luisa, creo, fue la artífice. En la visita de los bunkers, cañones, soldados y demás, los niños se lo pasan en grande recorriendo los laberintos, jugando a las guerras. Antes de la playa comimos en un restaurante playero, asaltado previamente por motoristas, mejillones con patatas que nos supo a gloria. Además tenía un castillo hinchable para los niños. Después a la playa donde los niños igualmente se lo pasaron de maravilla: baño, hoyos en la arena, carreras… Hacía aire y por eso algo de fresco, pero no mucho. Un carrito con música anunciaba helados. Ni una sombrilla, que los belgas desean el sol. Anchísima la playa y grande. Recoger todos los apechusques llenos de arena y para casa a la ducha y la cena extendida sobre la mesa del salón, que afuera llovía. Romeo jugando a la plastilina. Los niños dibujando y pasadas las ocho se fueron acostando de uno en uno. Algo más tarde yo con Romeo.

Una tradición belga en una boda: los amigos los sellan la puerta con cajas de cerveza vacías.

Jan y Leen han comprado botellas de vino del año que nacieron cada hijo, para ellos, para  cuando sean mayores.

Uno de los hermanos de Jan trabaja en una fábrica de chocolate.

Ellos son abogados. Nunca cogen un asunto que tengan que defender cada uno en el caso opuesto. Idea para peli.

He soñado que me aconsejaban para un concurso de modelos mi encargado (el de Warner de Kinépolis) de una empresa de ropa. Pasaba la primera prueba: actuar como si tu novio te hubiera dejado.

29-6-15

Fuimos amaneciendo poco a poco y para cuando todos estábamos listos también lo estaba la mesa del desayuno: chocolates, cereales, diversas cremas para el pan, chocolate para beber…

Nos acompañaron a Lille, así es que pasamos la mañana juntos los ocho, viendo la plaza, las calles comerciales y buscando un sitio donde comer algo decente del lugar que estaba todo lleno y la famosa tienda de dulces que nos querían enseñar cerrada. El Croque Monsier (sándwich de jamón y queso con queso por encima rallado) que me pusieron no me gustó. Nos despedimos y directos a París por los peajes que si no se nos hacía demasiado tarde. De hecho llegamos en plena vorágine de coches y atascazo pillamos para entrar al distrito de Yaelle, rue Cavendish, una zona que alrededor parecía de inmigrantes, senegaleses, con un parque cercano bien grande, que yo recorrí a la mañana siguiente temprano. De nuevo vi mis elementos urbanos preferidos: las chimeneas pequeñitas de Mary Poppins. El portero, español, nos dejó aparcar en su garaje. La casa de Yaelle me gustó aún con el revoltijo sin terminar de mudanzas, dos terrazas y salón con cocina enmarcada y comunicada con éste; el baño en dos: un cuarto, una ducha; 2 gatos de los que tuve que estar pendiente por la noche… Yaelle me acompañó a buscar los kickers pero nada, ambiente de rebajas y metro lleno en un viaje en el que nos pusimos al día con nuestras vidas, pero no encontré los clásicos kickers, ya difícil por lo visto. Está embarazada de dos meses. Carlos y Romeo en el parque. Tomás, su novio, ya en casa cuando llegamos trabaja en una productora de cine de animación. El día se acabó con una cena de carne, patatas, vino y queso francés, con aperitivo y cerveza antes, maravillosa. Romeo sin embargo no acompañó mucho el ambiente, que estaba cansado.

Dice Romeo que él corcho blanco lo llama azacán porque así se lo oyó decir a Aia una vez cuando se lo daba a Mateo.

30-6-15

Romeo interpreta los mapas a su manera y a veces es una risa; donde hay casas, él ve tablas de madera que luego busca a su alrededor. Nos despedimos de Yaelle y su mundo y de París viendo la torre Eiffel que Romeo lo quería a toda costa. Para ello atravesamos la ciudad con tráfico y atasco viendo la vida parisina de barrios, mezclas, turísticas, chimeneas, baguettes… Di una vuelta con Romeo en torno a la torre gracias a que aparcamos en Trocadero y Carlos se quedó en el coche, pero no estaba para torre que quería helado, tiovivo… había dormido poco. Después directos a Chambort que no entramos por lo caro del parking, pero lo vimos de lejos con un tremendo helado del U-Supermarket (uno de los mejores supermercados de Francia, dicen). En Blois el calor nos mareó y dimos una vuelta rápida dejando el coche en el principio del puente, llegando al Castillo y alguna calle y plaza de la zona vieja. En la casa de la Magia vimos un pequeño espectáculo de unos dragones saliendo de las ventanas, que Romeo dijo: “son las personas de la casa que se han disfrazado con cerámica y un acordeón en el cuello”. En este viaje Romeo ha aprendido la palabra “solitario” y no le gusta cuando ve calles así. Tours nos gustó más, que tiene una zona vieja con tres plazas y calles muy animadas. Cenamos el paté de fuá en un banco y luego lo pateamos paseando. De ruta en busca donde dormir encontramos Chateau d´Azay-le-Rideau, un parking con terracita, río, columpios, servicios, ideal furgoperfecto que nos mostraría un pueblo bonito por lo visto muy conocido por su castillo. Hasta nos remojamos en una fuente que hacía mucho calor. Estaba adornado con guirnaldas de tela que parecían lámparas.

1-7-15

Decididamente el pueblito era un ideal furgoperfecto. Los chicos que juergueaban cerca del parking se acabaron tirando al río, pero no dieron guerra. El desayuno (Carlos compró unos cruasanes recién hechos) fue en el parque infantil aunque podía haber sido en las mesas de picnic más adelante, que Romeo no le hizo ni caso.

El castillo tapado por obras, pero nos encantó pasear por la mañana por el pueblo con mercadillo (mercredi) y todo.

Vivonne era el sitio donde se supone que hubiéramos dormido, pero lo cambiamos por la comida en el lugar mencionado, con mesa de picnic. Antes habíamos hecho compra en el U-Supermarket y luego en el Aldi, dos supermercados franceses que queríamos conocer como si de museos se tratara. Cuando nos íbamos descubrimos una piscina municipal con tobogán y todo (hice pis en el cementerio de la iglesia) y decidimos quedarnos que hacía mucho calor para patear Burdeos. Romeo se lo pasó en grande, que nos dejaron subirnos con él en el tobogán. A Carlos le obligaron a cambiarse de bañador: de uno tipo bermudas a uno tipo “fardapollas”. Romeo no pagaba. La piscina se fue llenando y al final estaba de bote en  bote.

Burdeos nos gustó a medias que parecía muy señoritinga, aunque el parque de la entrada y el paseo cerca del río prometía, con mucho ambiente por la noche. Llegamos cuando todo estaba cerrado y paseamos por la plaza de la Ópera y adyacentes que allí cenamos viendo bailar y viendo el tranvía pasar con Romeo ya muy cansado. La casa del vino también estaba por allí. Muchos españoles.

Arcachón sería nuestro destino para dormir, ya en Las Landas que llaman. Llegamos muy tarde y cerca de las doce nos dormimos en un miniaparcamiento llenísimo de autocaravanas.

2-7-15

Despertamos oyendo las voces de unos españoles que se iban, que sólo se nos oye a los españoles, como dijo más tarde Carlos, que parece que no hablan o las palabras se las lleva el viento (Dune du Pilat).

Fuimos directamente a la Duna que no encontramos café donde desayunar, ni lo vendían ya en el Lidl. El aparcamiento de la duna era gratuito la primera media hora y así creíamos que íbamos a hacer, estar media hora, pero nos impresionó tanto y Romeo empezó a correr por ella como un loco para llegar al montañón, decía, que nos quedamos tres horas y miles de fotos, y una crema del sol enterrada, o eso creímos. El punto fue desayunar allí los cruasanes franceses con el chocolate sueco. Después de eso a Levicnacq, un pueblecito que decía la guía típico y así nos pareció con casitas de vigas de madera vistas por fuera, iglesia y río con aparcamiento y mesas de picnic donde dormiríamos aquella noche. También tiene bar-hotel-restaurante con menús y servicio al lado de la iglesia, furgoperfecto ideal. Luego a la playa Cap de L´Henry que Romeo lo estaba deseando y aunque llegamos tarde (ya no había que pagar parking), un bañito se dieron con las olas Romeo y Carlos y yo los pies. Hasta lagunita había donde Romeo descubrió que había españoles. Ya estamos muy cerquita, le dije. Cenamos en Lit-et-mixe, otro pueblito delicioso, con camping y varios restaurantes. En concreto fue en el Hotel Restaurant “Le fin bistrot” y un plato de la tierra, que a mí me encantó: pato, huevo, quesos, ensaladas, patés, vino y postre del lugar. La chica muy maja y los baños impolutos. Satisfechos, volvimos a Levicnaq a dormir.

Romeo ha tenido tres etapas musicales en este viaje: Los cuentos desde la nube, Teresa Rabal y el cd africano. Le ha dado por poner hasta la saciedad cada uno de ellos, en las tres etapas diferentes.

3-7-15

Nos levantamos del idílico furgoperfecto y nos entró afán de recogida, que era el último día. Desayunamos crepes de supermercado tan ricamente en el banquito y mesa. Después nos dirigimos a Capbretón echando en falta un mapa que nos situara en el espacio que no sabíamos donde pillaba Biarritz. Pero en Molies et Moa nos proveyeron de mapas y pudimos colocarnos. Linxe nos gustó. En realidad todo pueblo que pasábamos nos gustaba, que hemos pensado que tenemos que volver a Las Landas y recorrer los pueblos y múltiples caminos para andar y en bici. Casas de vigas vistas, pelota vasca, bandera (al dejar Las Landas), deportes, campings, mercados… EnVieux Bocau les bains fuimos a la playa aprovechando que el parking era gratuito. Era extensísima pero el baño vigilado estaba delimitado por los socorristas con dos  banderas. Entre baño y arena pasamos un rato agradable, Romeo bomba. Capbretón, el puerto. Bayona nos encantó y a pesar del calorazo lo pudimos visitar aprovechando un mini autobús gratuito (sin aire acondicionado). Casitas de colores y de vigas, casas vascas, aire de San Fermines, boinas, río, puente, iglesia, Catedral…

Biarritz desde el coche con sus casazas de veraneo y en Ghetáry nos quedamos a dormir en un aparcamiento junto al mar, paso de chiringuitos playeros muy chulos. Cenamos en la Creperie Bretona, bien para mí, regular para Carlos, que no había cerveza de la zona, ni vino. El puertito chiquitito una monada, Café Madrid y casitas muy bonitas con paisaje de mar y el sol escondiéndose con pastel vasco.

4-7-15

Me desperté y no volví a dormir, así es que como ya eran las 8:00 me fui a correr con lo mínimo para no hacer ruido. Una delicia correr viendo el mar a mi izquierda. Pena que el paseo llegara a tan poquito, que me tuve que meter hacia el pueblo y ya era Bidart, con pedazos chalets y una ermita chiquitita con banquito, también desde la que ver el mar. Si no fuera porque la soledad de la mañana y el impredecible mar me dio miedo mi baño hubiera durado más. Romeo seguía dormido cuando llegué. Desayunamos en nuestro banquito despidiéndonos del pueblo que nos había encantado por lo idílico del paisaje, casitas, banquitos al mar, pero no tanto por la restauración, muy pija y turística (¿mezclar humos con chipiriones?). El último pueblo sería San Juan de Luz. Preciosísimo y aunque turístico también, al ser más grande se diluía más. Mercado, puestos de queso exquisitos, puerto con redes y amarres, calle de tiendas y boulangeries con el pastel vasco, servicios públicos gratuitos, playa donde Romeo nos suplicó un baño y nosotros accedimos. Se lo pasó en grande y ya regreso a Madrid que salíamos a las 11:30 con un prometedor calor. Pasada la frontera que  no ponía España, sino Vizcaya, paramos en Idiazabal a comprar queso en la fábrica que abre todo el día y es más barato que en las tiendas o el Centro de Interpretación del queso (visita guiada creo gratuita). Seguimos hasta cerca de Miranda de Ebro donde echaríamos gasolina en un Eroski y también aprovecharíamos para hacer nuestra última incursión de supermercado, aunque Romeo cansado buscaba límites. Mirando el Ebro en Miranda, comimos nuestras baguetes de fuet. Bonita las diferentes casas, viejas y nuevas mezcladas. Ya no pasamos hasta llegar, Romeo dormía y yo en un trozo también. Paisaje de Madrid y sus pueblos que muchos no conocemos. Hay que.

En este viaje Romeo ha aprendido acerca de los países y de los idiomas. Ha aprendido a decir “quiero zumo” en francés e inglés. Ha aprendido que las pelis en DVD están en V.O y la música en CD en V.O, pero sólo las otros se pueden cambiar de idioma a veces. Le han gustado los parques (los de atracciones los ha descubierto), el monigolf. Yo he aprendido que el chocolate cuando se derrite se queda blanquecino. Le han gustado las pistolas y armas de todo tipo (agua, dardos, flechas…). Empieza a pedir zumos en los bares cuando nosotros pedimos cerveza, también su propia comida. La playa y el baño en general le encanta. Sigue con sus explicaciones de las cosas surrealistas, que a veces nos dan risa incapaz de ocultar. Le gustan los mejillones, pero la lechuga no. Sigue pidiendo cosas dulces.

Macarena