Turquía

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Turquía: ¿Estoy en Europa o en Asia?

Conocer Turquía después de haber estado en algunos países europeos y otros asiáticos fue mucho mejor para poder entender cómo funcionan las cosas en este país, que podríamos catalogar como parte europeo y parte asiático.

 

Comencemos por su mayor ciudad y referente, Estambul, que de hecho es la única ciudad del mundo ubicada en dos continentes, separada sólo por el famoso Estrecho del Bósforo. Turquía es un conglomerado de tradiciones milenarias que se remontan al Imperio Bizantino, al Otomano, a los árabes, y muchos otros pueblos que pasaron dejando como huella sus costumbres y la religión islámica mayoritaria para el pueblo turco… pero por otro lado está la llamada “occidentalización” proveniente de Europa, que ha llevado a que Turquía adopte una cultura más liberal a pesar de ser musulmanes.

A muchos turcos les gusta la fiesta, toman cerveza, vino o Rakı que es su trago nacional, similar al aguardiente y hecho a base de uvas. Muchos son fanáticos acérrimos del fútbol, algunas mujeres ya no se visten como musulmanas y en general son personas más abiertas de mente… pero no te engañes, en Estambul que es la ciudad más diversa y tolerante verás mezquitas por doquier y muchas mujeres con sus rostros tapados… no pienses que todo en este inmenso país de más de 780.000 kilómetros cuadrados y 72 millones de almas es igual. A medida que te alejas de Estambul y Ankara que son las ciudades más grandes, la cosa cambia… las pequeñas poblaciones más al este y sur del país que limitan con Irán, Irak o Siria pueden ser muy conservadoras y seguidoras de la religión musulmana. La lógica del pueblo turco no es tan fácil de descifrar, Turquía es como uno de sus renombrados Bazares: ¡donde encuentras de todo y a todos los precios!

Algo que me llamó mucho la atención de Turquía es su patriotismo, pues de 10 nombres de calles y aeropuertos 8 tendrán el de “Atatürk”. ¿Pero quién fue Atatürk? Como su mismo apodo lo dice en turco, él fue “El Padre de Los Turcos”, y primer presidente del país durante 15 años (su nombre original era Mustafá Kemal). Por otra parte, encontrarás la bandera turca de fondo rojo, con su media luna y estrella blancas ondeando en el parque, en la plaza, en los barcos y dondequiera que se pueda colgar una de ellas. El amor de los turcos a su bandera, a su país y a Atatürk es memorable; el principal aeropuerto de Estambul tiene su nombre, y si cambias unos euros por Liras Turcas verás que en todos los billetes y monedas está el rostro de Atatürk. Su relevancia radica en que tras la derrota del Imperio Otomano a manos de los aliados en la 1a Guerra Mundial, Atatürk sacó al país de “la olla” como decimos en Colombia, y lideró un movimiento nacionalista que condujo a la independencia del país en 1923, e instauró reformas duraderas que sacaron a la nueva Turquía de la ruina en que había quedado para convertirla en un país muy próspero. En pocas palabras, ¡Turquía es la nación de Atatürk! Incluso en muchos países su estilo de gobierno es aún un modelo a seguir y su inteligencia, visión y capacidad de liderazgo son aún exaltadas.

Pero como todo radicalismo tiene sus falencias, el legado de Atatürk facilitó la creación de grupos extremistas que han tenido conflictos armados serios con los kurdos, quiénes reclaman una buena parte del territorio oriental de Turquía al igual que de otros países aledaños. Por otra parte, propició la gestación de un nacionalismo enfermizo complicado de manejar. Esto se refleja claramente en el Ejército Turco, al cual deben acudir obligatoriamente por 6 meses todos los varones antes de sus 38 años (normalmente van al finalizar la Universidad). Aunque actualmente muchos de los jóvenes turcos piensan que ir al ejército es irrelevante para sus vidas, la gran mayoría lo hacen como cuestión de honor; pues no está bien visto para la sociedad turca que un hombre no vaya al servicio militar y de ser así será tachado de Kuruk que literalmente significa: “podrido”. Para el padre de una chica no será grato que el prometido sea un kuruk, y a la hora de obtener un empleo tendrás pocas oportunidades si perteneces a este “podrido” grupo conformado por obesos (si pesas más de 120 kg no vas al ejército), discapacitados físicos y mentales y por homosexuales; estos últimos más porque la sociedad turca supone que si eres marica no tendrás las agallas para ir al ejército; aunque en este momento el tema de la homosexualidad en Turquía está ya algo “occidentalizado” e incluso ya existen bares de tendencia gay; aunque aún el tema es algo reservado.

Otro de los pecados de este nacionalismo turco ha sido la negación del Genocidio Armenio ocurrido entre 1915-1923 cuando aún existía el Imperio Otomano, en el cuál hubo masacres y deportación de cerca de 2 millones de armenios que vivían en la región de la actual Turquía. El pecado radica en que el gobierno turco nunca ha querido reconocer que esto fue un genocidio como tal, caracterizado por masacres y marchas forzadas hacia zonas alejadas que hizo que muchos de ellos murieran de cansancio, inanición o por los malos tratos y hasta abusos sexuales. Según la historia, después del Holocausto judío, este genocidio le sigue en gravedad. Vale la pena adentrarse también un poco en esta mancha en la historia de la humanidad y tal vez escuchar unas cuantas canciones del grupo armenio de rock “System of a Down” el cual en sus letras recuerda los vejámenes del genocidio armenio y lleva varios años presionando al gobierno turco para que por fin reconozca que esto sí sucedió.

A pesar de algunos lunares en su historia, Turquía es un país fenomenal, de gente amable y alegre. Para mí fue fácil hacer amistad con ellos y a diferencia de otros países europeos, los turcos son tan amables que no tendrán el menor reparo en sentarse a hablar contigo si saben que vienes de otras latitudes. Tuve largas conversaciones con dos amigos llamados Samet y Gökhan, a quiénes conocí en mi hostal en Estambul y con quiénes recorrí parte de la ciudad, e incluso hablaron por mí para poder que el señor de la droguería me vendiera los medicamentos que estaba buscando para la gripa. ¡Fueron muy amables! La falencia es que no todos los turcos hablan inglés, por lo que no es de fiar que en Turquía te sirva y a veces sea necesario el lenguaje de señas, especialmente cuando estás perdido en medio de la noche en un pueblito de Turquía central (Göreme), te estás muriendo del frío y no sabes cómo volver a tu hostal como me pasó a mi jeje. No estará de sobra que aprendas a decir Hola (Merhaba), Adiós (Güle Güle) o contar hasta tres (bir, iki, üç).

Son muchos los referentes que hacen que la cultura e idiosincrasia turca sea una de las más reconocidas en el mundo; quién no ha oído hablar de los baños turcos (Hamams), los gigantescos Bazares Turcos donde venden todo tipo de cosas, el Baile del Vientre que también tiene sus orígenes en estas tierras, así como la comida rápida más barata y difundida en Europa: La Kebab. La suntuosidad de sus alfombras y la belleza de sus lámparas son otras de las cosas recordadas de Turquía, y el famosoNazar, que es un amuleto azul en forma de ojo que los turcos cuelgan en las casas, autos e incluso en los aviones y animales para prevenirlos del mal de ojo. La comida turca además de la Kebab es una de las más deliciosas que he probado, empezando por su inmensa cantidad de postres entre los que le hago publicidad al más delicioso de todos: El Baklava, ¡sencillamente espectacular! Otras de las delicias turcas son su café, que se prepara más amargo de lo convencional, y su famoso Té de Manzanaque lo venden por doquier servido en unos vasos de vidrio en forma de jarrón pequeñito.

Sin hablar de otras de las pasiones turcas que son la música y el fútbol. Turco que se respete ama la música y el baile. Sus danzas típicas son espectaculares, basta con ir a un sitio donde haya show de baile (obviamente el baile del vientre estará incluido) para que veas la gran diversidad. El más impresionante y conocido es el de los Derviches girando sobre sus pies, con unas faldas largas y planas y entrando en trance ¡imperdible! Y el más reconocido de sus cantantes es Tarkan con la canción Simarik (kiss kiss), que se hizo famosa incluso en Colombia por empezar con unos besos “Muack, muack”. Respecto al fútbol, podría decir que son los hinchas más furibundos que hay después de los Hooligans ingleses; es tanta su pasión y devoción por los equipos de fútbol que ha habido muertos durante los partidos y enfrentamientos entre hinchadas. El caso más drástico es el de Estambul que tiene la mafia de los mejores equipos del país y las mayores hinchadas de Turquía: el Fenerbahçe, el Galatasarayy el Beşiktaş… es una locura total estar en la calle mientras están jugando un partido entre estos equipos, ¡la adrenalina es total!

Turquía es tan diversa como su geografía propia, desde playas de lujo como Ölüdenizubicadas en las costas del Mar Egeo, ciudades inmensas como Estambul y ruinas antiguas como en Efeso; hasta montañas nevadas y paisajes desérticos enCapadoccia. Por donde se le mire, Turquía es una gran mezcla de culturas, paisajes, tradiciones y sabores; es un país donde podrás tomarte una cerveza Efes en un pueblo alejado de la Anatolia, rodeado de musulmanes, mientras te deleitas con una exótica bailarina que te absorberá con su baile del vientre; y a la madrugada siguiente levantarte al alba para recorrer en Globo Aerostático toda la extraña zona de Capadocia en un viaje sin igual ¡Parecerá que estás viajando por la luna! Otro día podrás adentrarte en una de esas gigantescas mezquitas de Estambul y ver cómo hombres y mujeres ingresan separados, se quitan sus zapatos y oran a Alá de rodillas con el mayor fervor… y luego irte en la noche a uno de esos bares y discotecas de lujo cerca a la Plaza Taksım en Estambul a bailar al ritmo de las canciones de Tarkan o incluso de Madonna. Ir de compras a uno de sus gigantescos bazares o tomar un barco y recorrer el hermoso Estrecho del Bósforo mientras ves los pescadores en acción y te tomas un reconfortante té de manzana contemplando la silueta de la famosa Iglesia de Santa Sofía… Es un país hermoso, no sólo por sus paisajes agrestes y únicos sino por la cultura vibrante que tiene, su gente amable y sencilla, sus deliciosas comidas e infinidad de sitios para recorrer y deleitarse… yo creo que es de esos países que no basta una sola visita para conocerlo.

¿No sabes si estás en Europa, o si estás en Asia? por momentos en Estambul ambas sensaciones se confunden, ¿Cómo saberlo si a altas horas de la madrugada después de salir de un pub de lujo en Galata escuchas el llamado de la oración musulmana que retumba desde las mezquitas del otro lado de la ciudad en Sultanahmet? Si esto no es el perfecto contraste entre las costumbres asiáticas musulmanas y las tendencias occidentales, entonces díganme Ustedes cómo más se podría llamar… o tal vez léanse un libro del famoso premio Nobel turco: Orhan Pamuk; él sí sabe cómo mostrar los contrastes de la cultura turca a través de sus libros. Este es el encanto de Turquía, ¡esto es lo que yo quería ver! ¡Yo quedé encantado con este país y quiero volver pronto!

miguel